Amo los toros

Amo los toros. Sí, me encantan ¿por qué no decirlo? Su estética y su majestuosidad son innegables. Quizás esto sea porque desde pequeño me sentaba a ver corridas con mis abuelos. Sí, ahí empezó todo. La primera profesión que quise tener, con apenas cinco años, fue la de torero. Me encantaban los toros y aún permanece en mí ese sentimiento. 

De cómo manipular a la masa

 

El denominador común entre el populismo y la demagogia, además de su etimología, es una burda apelación a la identidad colectiva de la sociedad, al pueblo, como si de un ente abstracto se tratase. El primero, lo invoca como fuente legitimadora de la soberanía, manifestando aversión al establishment y a las élites económicas; el segundo, busca y exacerba sus sentimientos, filias, fobias, ilusiones y frustraciones, y cualquier emoción susceptible de modificar sus comportamientos políticos. Dos corrientes que han acabado convergiendo en su devenir como técnicas propagandísticas políticas de tal versatilidad ideológica que han corrompido la totalidad del espectro.

La discusión, herramienta del progreso

En ocasiones, parece que el ser humano, como actor social que es, olvida que las calles que recorre y los paisajes que contempla no son sino la conclusión evolutiva de un proceso tan largo que escapa, incluso, a su capacidad de conocerlo por completo, dado el carácter efímero del cronómetro vital. En este sentido, el bloqueo para la expresión y el debate parte de lo más profundo de los propios individuos que establecen relaciones sociales entre sí.

Ni alienación, ni estereotipos

Considerar a las personas culpables de sus “actos inconscientes” –entre comillas, porque se entiende que somos seres racionales y, por tanto, hacemos uso de nuestro intelecto– puede resultar absurdo según en qué casos. Quizá sea esto lo que nos pasa con el machismo; quizá sea que hay cuestiones tan naturalizadas que ya han dejado de juzgarse.

Cultura de bolsillo

La cultura eleva al hombre, a su intelecto, a un estadio superior de sabiduría y de consciencia sobre el mundo en el que vive. Otorga la amarga y necesaria certeza de saber que nos estamos aproximando a la verdad, teniendo claro que nunca vamos a llegar a ella. Una lucidez, momentánea en la mayoría de los casos, que no tiene nada que ver con legitimar a nadie para poder mirar al resto por encima del hombro.

Pablo Lozano

Sin identidad

Nos hemos acostumbrado tanto a la discordia en estos últimos años que ya no esperamos que alguien sea concorde ni consigo mismo. ¡Y mucho menos un político! Antes de las elecciones los candidatos presidenciales parecían gritar con desesperación: “¡Vendo mi identidad! ¡Seré lo que quieras que sea a cambio de tu voto!”. Y cuando uno no sabe ni lo que piensa, es difícil coincidir en algo.

Pornografía política

Son tan tremendamente vulgares, que hasta parecen normales. Los políticos, digo. Es difícil concretar cómo política y televisión se han fusionado en una hilarante degeneración para hacer de la campaña electoral el último espectáculo de variedades de un circo ambulante en el que aquellos cuyas principales disciplinas habrían de ser la oratoria, la retórica, e incluso la erística, se muestran ahora duchos en el arte de la canción, la música, el baile, el humor o el sexo.