Pablo Lozano

Nos hemos acostumbrado tanto a la discordia en estos últimos años que ya no esperamos que alguien sea concorde ni consigo mismo. ¡Y mucho menos un político! Antes de las elecciones los candidatos presidenciales parecían gritar con desesperación: “¡Vendo mi identidad! ¡Seré lo que quieras que sea a cambio de tu voto!”. Y cuando uno no sabe ni lo que piensa, es difícil coincidir en algo.

Hablar es cada vez más por hablar, y pensar solo se hace a veces.

Así pues llegar a puntos comunes se aparenta como mínimo complicado. Es una cortesía vieja y deteriorada. La nueva política es la política sin identidad. La política del conflicto permanente, de quienes luchan buscando ser alguien. De quienes prometen no prometer nada, porque no tienen nada que prometer. Políticos que llevan sus luchas hasta los extremos más grotescos, que mueren en ellas y lo hacen en un programa de televisión.

Como resultado, un país plagado de personalidades especializadas en llevar la contraria a todos, aunque no exista nada que contrariar (ya se encargan ellos de encontrar algo). Y entonces la política recae en personajes y no en los intereses de un país…Y ocurre lo que ocurre en España, donde dentro de los grandes partidos políticos encontramos unas contradicciones tan irreconciliables que verdaderamente nos hacen dudar de la existencia de la identidad y nos hace soltar la papeleta con la sensación de desconocer lo que hemos votado y de desconocernos a nosotros mismos. Las causas están por encima de las personas. Porque las causas son inamovibles, y las personas no. ESPAÑA DEBE CAMBIAR sobre una nueva base, no sobre el oportunismo y la flexibilidad interesada.

La democracia se nos atraganta. No es algo fluido. Es satisfactorio ver diversas formaciones políticas en el Congreso, y es una buena señal. O al menos podría serlo con políticos de categoría, lo cual parece que no tenemos. Las diferencias en un partido son también enriquecedoras, pero no sirven de nada si no se quieren estrechar. Exigimos diálogo, pero… no tienen de qué dialogar.


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