HELEN DE WIND

Aquella tarde nos reunimos todos en casa de mi padre para escuchar los destinos de la Mili de cada uno de mis amigos. Fui el último en ser nombrado. Me tocó Ceuta.

A ningún español de la Península le importa Ceuta. Creo que si lo de Cataluña se puede arreglar es regalando Ceuta a los catalanes y que empiecen dando tralla con la independencia a los moros.

 

La Mili en Ceuta fue un suplicio. Duró un año entero y el servicio lo hice sin poder ir a Madrid a ver a mi familia. No teníamos dinero, no teníamos prácticamente nada que llevarnos a la boca. Qué iba a tener yo en Ceuta. Para mí todo aquello fue un horror. No porque no creyera en el régimen castrense, sino porque siempre desde pequeño he sido tremendamente vago. 

Pero de pronto vi recién terminado el peor año de mi vida. Toro y yo, mi compañero de penas y mi nuevo mejor amigo, nos alegramos. Era nuestro último día de servicio. Ambos éramos de Madrid. Queríamos volver a Madrid. Todos iban a Madrid.

Los días más felices los recuerda uno por instantes de lucidez. Uno se sobrepone a la realidad, se eleva y lo observa todo desde arriba como si fuera un dron. De ese día me llega a la memoria mi reflejo en las llamas, después de que Toro rociara con un bidón de gasolina todos nuestros petates y nuestros uniformes. El fuego ascendía un par de metros. Olía a olvido y a destierro, pero sobre todo a petróleo.

 El teniente coronel salió gritando del castillo y preguntándole si estaba loco. Le dijo que iba a pasar toda su vida en el calabozo. Su mirada incrédula pasó al horror cuando con cierta rebeldía y ganas de vivir, Toro le contestó:

 - ¿Y qué?

Para reflexionar

La libertad es un concepto tremendamente bonito cuando es personal, pero aceptar ese término tan abstracto para que otro haga lo que quiera, especialmente algo que te molesta, es más complicado.

Vivimos en un país donde la libertad queda pisoteada tanto por la izquierda como por la derecha. Unos se llenan la boca de libertad, pero si no sigues sus proclamas te señalan con el dedo y dicen que no estás a favor del libre albedrío. En todo caso será de 'su' libertad. Lo peor es la superioridad moral en su jactancia. Los otros son más explícitos. La libertad no existe, estamos determinados. Yo te ayudo a decidir, oh pobre obrero analfabeto.

Días más tarde, Toro fue asesinado por un ceutí creyente en un solo dios -y en una sola libertad, o sea, en ninguna- y arropado en una sola sábana: Franco y la bandera, la misma que había quemado mi amigo y que años después ondea a media asta cada vez que un toro mata a una persona en un pueblo.


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