¿Cuándo comenzamos a perderla? La sensibilidad, me refiero. Usted, ¿la siente? ¿Siente el martilleo en la boca del estómago? ¿Nota el extraño nudo firmemente amarrado a su garganta? ¿Lo siente? Cuando ve el telediario durante la cena y salta la noticia. “Siete mujeres”, rezan los titulares de los periódicos –y ni siquiera en portada-.

 

Siete vidas. ¿En qué momento pasó a ser un tema recurrente? Siete muertas. Pero disculpe, muertas no: asesinadas. Menos de treinta días desde el inicio del año 2016 han sido suficientes para desatar la vergüenza que muchos parecen no sentir. Siete personas. Lucinda, Silvia, Mariana. ¿La siente usted ahora?

¿Recordaremos sus nombres? Mañana, cuando vaya de camino al trabajo o dirigiéndose hacia clase, ¿recorrerá su mente la idea de que ellas fueron las primeras y, que tristemente, no serán las últimas?

La violencia machista es nuestra lacra. Lacra porque hay quien la justifica, quien mira hacia otro lado, quien se resigna a ella. Mata. Es violencia y terrorismo. Es infravalorar la vida en virtud del derecho a quitarla; creer en que ese derecho existe. Creer en el sometimiento, en el maltrato, en el desprecio. Creer que siete vidas no son importantes. Permítame decir que sí lo eran; amigas, hermanas, hijas, madres, confidentes, amantes. Ellas, sin encontrar la necesidad de definirlas; solo ellas. Con esperanzas, ambiciones, planes, deseos y sueños. Con tiempo que les pertenecía y les han robado.

Que de la vergüenza de decir adiós a estas mujeres nazca la lucha para curar una herida todavía abierta. Que los ojos no queden cerrados, ni las cabezas ladeadas, frente a un problema que urge atajar. Que la insensibilidad, en definitiva, no nos ciegue.


Deja un comentario

All fields have * are required

0 Comments