“Deje que gobierne la lista más votada”. Esa frase, repetida hasta la saciedad en las últimas semanas, es uno de los mayores ataques a los valores constitucionales. Aunque se diga desde la tribuna de oradores del Congreso y no desde la Puerta del Sol. Aunque la diga un señor con corbata en vez de una persona con megáfono.

Y es que nuestra Constitución, en su artículo 1, da a España un sistema parlamentario. La soberanía nacional se deposita en el Parlamento y es el Congreso de los Diputados el encargado de elegir al presidente. No somos un país presidencialista. El Ejecutivo necesita la confianza del Legislativo.

Si alguien quiere presidir España, necesitará el apoyo del Congreso. Y si no lo tiene, que lo busque. Lo que no tiene cabida en nuestro sistema es exigir que gobierne el más votado. Detrás de esa afirmación se esconde una actitud que huye del diálogo y del entendimiento. ¿Para qué negociar políticas con los grupos parlamentarios, si soy el que más escaños tiene?

Lo que sus señorías deberían saber es que en España no gana las elecciones quien más votos tiene, sino quien consigue más apoyos. 

Artículo publicado en la sección 'El Lector' del Número 2 de La Mecha (marzo, 2016)


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