Tres palabras y M. R. lector de Gramsci

Obligado estos días atrás a rescatar por motivos estudiantiles La cuestión palpitante (1882) de Pardo Bazán, me vi abocado a replantearme el dilema filosófico que se plantó sobre las mesas de los literatos del s. XIX y que, a lo largo de la vida, uno se plantea innumerables veces: ¿somos seres libres capaces de sobrepasar las barreras que el medio nos impone o, por el contrario, somos seres resignados y predestinados por naturaleza?

Memoria histriónica

El PSOE que lidera Snchz es esencialmente un partido reactivo: habla de derogar las políticas de la derecha sin plantear una alternativa de gobierno clara. Es de suponer que cuando Sáenz de Santamaría nos descubrió su superpoder -sabe leer los labios- Hernando estudió la posibilidad de ponerse labio leporino (lo de llevarse la mano a la boca ya lo tienen patentando los futbolistas) para así contener el envite de Soraya.

La quimera cierta

Sientes que unos gritos angustiados salen de tu interior, que perforan tus entrañas y te arrancan en un acto doloroso el corazón. En tu pecho un hueco vacío, negro, profundo, atemorizante; y en tu cerebro, nada, porque todas tus ideas, tus pensamientos, hasta tus deseos, han muerto, han caído en el eterno olvido y se han visto cubiertos de tierra. Paletada a paletada. La noche, negra, ha ido cayendo sobre ti y tu alma se ha contagiado y se ha vuelto más oscura incluso que la medianoche de invierno.

Propósitos de año nuevo

El joven pontevedrés que le soltó un crochet a Rajoy asegura que lo hizo porque “tenía dos sueldos”. Menos mal que no se enteró de mis cinco sueldos, debió de pensar Cospedal. Qué pena que no se enteró de los cinco sueldos de Cospedal, debió de pensar Soraya. Si existen tiranteces dentro de los propios partidos, no digamos ya fuera de ellos.

Periodismo, ignorancia o canis

Hace unas semanas, Jordi Évole comentaba que los periodistas, entre ellos él mismo, estaban “opinando por encima de sus posibilidades”. Esta afirmación no solo es cierta, sino que es extrapolable a muchos ciudadanos que, con la campaña electoral saliéndoseles de las orejas y las posteriores elecciones, se han lanzado a redes sociales, blogs y los foros de toda la vida; los bares, a opinar de todo y de todos. A hacer análisis de política y sociología, a proponer incluso, soluciones para parar guerras, convertidos todos en estrategas de la OTAN y expertos en bombardeos.

20-D, "cuasi" pesadilla política

 

Comienzo a pensar que el número 20 me empieza a ser fatal, tal y como le ocurrió a cierto consagrado articulista —aunque a él le sucedió con el número 24— a quien hoy raramente alguien recuerda. Sí, soy supersticioso; pues es consabido, y más en este país, que el corazón del hombre necesita creer algo, y que cree mentiras cuando no encuentra verdades. Comencé a darme cuenta de tal superstición al dejar de profesar otra creencia que, a día de hoy, si cabe, la considero más irracional: la que tenía en los intelectuales.  Y me di cuenta de esta el día 20 de hace un par de meses, cuando acudí a leer, casualmente —costumbre batueca esta—, el artículo de un afamado escritor con el que me tropecé por casualidad. Aquel día, por seguir haciendo de él algo insólito, me dio por reflexionar y pensé en cómo un señor airado no tiene mayor acometido que el de narrar a sus lectores las escenas veraniegas que se le presentan en la terraza de un bar de un pueblo cualquiera para llegar a la conclusión de que, los padres solo son intolerantes cuando sus hijos están a cargo de otros. Lejos de cavilar en profundos conceptos filosóficos sobre la condición humana, tipos como estos, padres de sus ideas; se podrían aplicar sus propias moralejas y comprometerse más con el rol que desempeñan en nuestra sociedad en lugar de dedicarse a hablar de temas como este u otros, como bien pudieran ser las faltas de convicciones y el dispendio de conveniencias que, más que otros, probablemente tengan ellos, a fin de que no les falten sus veranos en la terraza de un bar.

El problema no soy yo

El otro día me llamaron feminazi, otra vez. Sí, lo confieso, tengo una cámara de gas dentro del armario. De hecho, cada viernes, antes de salir de fiesta, meto a unos cuantos hombres dentro. ¿Por qué?, preguntas. Pues porque soy una de esas feministas locas y nosotras solemos hacer eso.

Si yo fuera expresidente...

En los actos de campaña electoral el postureo más desacomplejado se mastica en el ambiente: afloran esos gestos de intento de complicidad, esa simpatía impostada, esas caras de mírame pero no me toques. Es más interesante reparar en episodios concretos (no menos fingidos que en campaña) como cuando Mariano Rajoy se acerca a saludar en la salida del Congreso a Alan Rovira, campeón de Biketrial. “Eres un crack”, le elogiaba el presidente. Más tarde, a través de Facebook, Alan bromeaba: “Le tenía que haber dicho que con los recortes no me llega para el sillín, jajajaja”. (Las bicis de esa modalidad no tienen sillín). Un usuario de la red social aprovechaba la ocasión para tantear a Alan: “Aúpa ese Alan, además de derechas, como Dios manda, sí señor”. A lo que el protagonista del día resolvía: “No hay ni derechas ni izquierdas, es un personaje conocido y ya está!!!!”. Un signo de exclamación más hubiera implicado el desplazarse hasta la casa del interlocutor y pasarle por encima con las ruedas de la bici.

A dos metros bajo tierra

Contaba en su blog José Antonio Montano allá por el 2007, cinco años después de la tragedia del Prestige, el caso peculiar de una relación sentimental que se fraguó en el flujo del chapapote. En realidad, se hacía eco de la entrevista realizada desde los micrófonos de La Ser a esta pareja de voluntarios en causas perdidas. Como si no hubieran tenido suficiente, tras asistir al hundimiento de un buque, se decidieron a contraer matrimonio, valga la redundancia. Aunque de momento aseguraban estar enamoradísimos, el poder del anillo siempre puede ser destruido en Mordor.

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