PABLO LOZANO

En un mundo con acceso a Internet las 24 horas, en prácticamente cualquier parte del planeta, parece que cada vez importan menos los estudios, la cultura y el conocimiento, al alcance de un click.  Pero no es así: simplemente se han hecho insuficientes si uno no cuenta con valores tales como la proactividad, la iniciativa o la aptitud para adaptarse sea cual sea el terreno.

Es innegable que el sistema universitario español esté en declive. Debido al aumento de la oferta en estos últimos 15 años en Europa, el prestigio de tener una carrera universitaria es menor. Eso no quiere decir que la universidad deba ser elitista, al contrario: es tan solo un complemento para el individuo que  encontrará por su cuenta maneras de desarrollarse laboral y personalmente. Los idiomas, por ejemplo, son un factor imprescindible en un mundo tan globalizado.

Por tanto, ya no vale con ir a la universidad, estudiar y tener un buen expediente. Tenemos oportunidades de las que jamás ha disfrutado el ser humano. En este desmoronamiento que presenciamos en Occidente, no podemos restarnos una mínima parte de la culpabilidad. Hemos asistido de forma pasiva al lucro ilícito de unos y a la agonía de otros, aunque también hemos despertado a tiempo cuando se pensaban que podían entrar en nuestra habitación y llevarse todo, incluso nuestra propia almohada. Debemos ser exigentes con nuestro futuro, no asentarnos en nuestra zona de confort y ser conscientes de nuestras responsabilidades.

Nuestra percepción es que, en un contexto globalizado, solo podremos acceder al mundo laboral siendo nosotros quienes tomemos la iniciativa.

Somos la generación mejor preparada de la historia, pero quizá también la peor valorada. Por eso debemos romper cadenas y dar un paso hacia delante. No por demostrar nada a nadie, sino porque si no nos veremos abocados otra vez a servir cafés en Londres. No podemos esperar que llegue una oportunidad, al revés: tenemos que crearla nosotros mismos. Por eso hemos creado La Mecha. No estamos dispuestos a resignarnos ante la pasividad de ciertas esferas políticas y económicas en torno a la educación. Debemos despertar de este prolongado letargo para ser el motor de un nuevo modelo productivo del país y estimular un cambio que suponga mejorar España, Europa y, en definitiva, el planeta.

Ambroso Bierce, escritor y periodista norteamericano de finales del siglo XIX, escribió en su Diccionario del diablo que la juventud es el periodo de lo posible. Por ese motivo afrontamos un proyecto a priori inviable -el papel ha muerto, o eso dicen- e insensato -a los jóvenes no les interesa nada, o eso dicen-.

No, la juventud actual no es ni banal ni intrascendente. Siempre ha sido la fuerza que ha determinado el rumbo del mundo. #Muévete


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