El 2016 comienza a rastras, cargando el peso de un intenso 2015 en el que muchos rompecabezas han quedado en el aire y en el que no sabemos muy bien cómo se acabarán por resolver. Estamos aprendiendo –por fin- que la historia no es un proceso lineal: los años reculan o avanzan por lo sucedido en el anterior, ocurriendo que en esta ocasión, se remolca una pesada losa: elecciones generales en nuestro país, en Grecia o en el Reino Unido; los terribles atentados de París, la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la lucha contra el Estado Islámico en Siria, el auge de la extrema derecha en Francia, populismos nacionalistas en Hungría, Polonia o Estados Unidos.... Nuestro pan de cada día. Y el de nuestros próximos días. Son cuestiones que parece que van para largo. Y quizás, por desgracia, no nos abandonen en un tiempo.

Podrá decirse que 2016 fue el año de la incertidumbre, el año en que quienes lo vivieron entraron sin saber qué carajo iba a pasar. Pero que no lo hicieron con miedo. Más bien con la inocencia del que desconoce su futuro; contando ya con los problemas que vienen de atrás, de décadas, los problemas “de siempre”. Las desigualdades entre los continentes, los conflictos bélicos en Oriente, la contaminación que cada año prometen reducir… 2016.

Afrontamos un año que corre el riesgo de ser uno más, pero difícilmente lo será, porque sentimos, y no somos los únicos, ese algo. Esa intuición de que se aproxima un punto de inflexión. Y hay señales de ello, muchas de ellas ya están en nuestro televisor o en nuestro Congreso. El panorama internacional se agita y cambia con rapidez. Se agolpan tantos cambios que los años parecen tener el doble de días. Los países emergentes resulta que ahora se estancan. El régimen chavista, ¿cerca de su fin? Adiós al kirchnerismo. ¿Los británicos votarán SÍ a su salida de Europa? China, aunque parezca mentira, desacelera su crecimiento. Hillary espera a la Casa Blanca –si todo va bien- y en Estados Unidos se inicia un ajuste monetario. Todo gira más y cada vez más rápido. ¿Qué nos deparará el nuevo año? ¿Se resolverán estas situaciones? ¿Cuáles serán los nuevos conflictos que aparecerán?

Dicen que habrá un ligero progreso económico, que es el año Internacional de las Legumbres, que es bisiesto. Nosotros solo nos atrevemos a manifestar que 2017 arrastrará una losa con mucho que contar, siempre aplicando el necesario filtro del rigor que la inmediatez está cada vez más dispuesto a fagocitar.

 

 

 

 

 


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