Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos- Ítalo Calvino.

 

Esta vez, la ciudad es Madrid y el  trueque de palabras, anhelos y memorias tiene lugar entre Irene Lozano y La Mecha. Es domingo. No hay mítines, ni congresos extraordinarios, ni resacas post-sexta noche. Lozano nos recibe con la seguridad de un torero que ya ha capeado en peores plazas y la tranquilidad de un maestro zen. Como si este fuera un domingo cualquiera, como si quedasen años para las elecciones, como si la tormenta de críticas recibida los últimos días hubiese sido tan solo un calabobos. Su yo político y su yo periodístico siguen batiéndose en duelo. Aficionada a las series de ficción norteamericanas, consumidora de Breaking Bad y The Wire, su vida podría servir de inspiración para un guion de Vince Gilligan o David Simon. Desde que Díez la convenció para “pasarse al otro lado”, dejó de hablar de política para empezar a hacerla. Alabada por su intervención en la comparecencia de Rato y ovacionada por su labor en el caso de Zaida Cantera, nadie hubiese imaginado este fortuito desenlace. Como en todas las buenas series, su final es tan inesperado que entran ganas de comentarlo hasta con el vecino. El partido que prometía azotar al bipartidismo acabó siendo una leve caricia; el ojo derecho de la líder magenta pasó a ser su antagonista y una de las voces más críticas con el cártel “PPSOE” terminó fichada como independiente por el líder del último. Irene Lozano, en el limbo entre la casta y la nueva política, será el último bastión que tendrán que conquistar  Podemos y Ciudadanos para demostrar en su neolengua que lo antiguo ya no vale.

 

Pregunta. ¿Cómo está después de semanas recibiendo un aluvión de críticas tan grande? ¿Sigue confiando en haber tomado la decisión correcta?

Respuesta. Sí, claro. Las cosas no cambian sin obtener críticas. Sabía que las iba a recibir y soy tolerante con ellas.

P. Viene de un partido que hace tan solo un año tenía la oportunidad de ocupar el espacio político que ocupan actualmente Ciudadanos o Podemos. ¿Cuál cree que ha sido el problema de UPYD?

R. Se tomaron decisiones políticas equivocadas hace más de un año. Hubo gente que, desde dentro, lo dijo y no sirvió para cambiar esas medidas. Cuando te apartas de lo que los ciudadanos dicen, acaban apartándose de ti. Eso es lo que le ha pasado a UPYD.

P. Se presentó como candidata a ocupar la portavocía de UPYD en el Congreso extraordinario de julio. Finalmente, ganó la candidatura de Andrés Herzog, pero ustedes se quedaron en un 40%. ¿Qué pasa con ellos? ¿Será capaz Herzog de volver a conquistarlos?

R. La marcha de los militantes de base o líderes municipales forma parte del proceso de descomposición de UPYD. La mayor parte ya se había ido por lo que va a ser difícil que vuelvan a votarles.

P. Su nombramiento ha sido un “dedazo” en toda regla. Como encargada de la regeneración democrática del partido socialista, ¿tratará de cambiar estas situaciones o seguirá siendo el candidato, elegido democráticamente, quien escoja las listas a su parecer?

R. Si nos creemos el discurso de que hay que abrir los partidos a la sociedad para que haya gente que pueda pasar unos años a la política sin dedicarse toda su vida, hay que buscar una manera para incluir a los independientes en las listas a los partidos. No hay que tener ocurrencias extrañas de cómo fometar la democracia interna en los partidos políticos. En la mayoría de los países se elige al número uno y este se encarga de buscar a su equipo. Nosotros proponemos que las  listas sean desbloqueadas. Así permitimos a los ciudadanos participar en la construcción de las listas y  premiamos a la labor de los políticos en las distintas instituciones.

P. Ciudadanos ha sacado una propuesta que, de una manera diferente, también pretende premiar la labor de los políticos y acercarlos a los ciudadanos: el sistema electoral de doble urna. ¿Qué le parece?

R. Es una copia del sistema alemán, con la diferencia de que el Bundestag tiene 630 parlamentarios frente a los 350 del Congreso español. Si aplican la misma medida pero con tantas diferencias, no va funcionar igual. No pueden coger únicamente lo que mejor se vende. Los cambios necesitan llegar a la gente y, por querer implementar algo muy vistoso, pueden acabar haciendo una cosa tan extraña al sistema que no funcione. Yo he estado hablando con expertos en sistemas electorales y las medidas que proponen son mucho más sencillas. Los objetivos son garantizar la proporcionalidad y acercar los políticos a los ciudadanos. El principal problema actual es la circunscripción provincial. Hay provincias que están sobrerrepresentadas. Es mucho más efectivo implementar pequeños cambios progresivos como cambiar la circunscripción. 

P. ¿Está en contra de la disciplina de voto?

R. No. Yo no soy contraria a la disciplina de voto. En los cuatro años que he estado de diputada en UPYD nunca la he roto. Tú participas en un partido político en el que das tus opiniones, se debaten y esa decisión tiene que ser respetada por todos. Si después del debate cada uno vota lo que le parece, no es un colectivo, es el ejército de Pancho Villa. Plantear que cada diputado vote lo que le dé la gana no es práctico, tiene un componente de fraude a la ciudadanía. Tú les representas y la gente te ha votado para que hagas ese programa.

P. Entonces, ¿no es más sano el modelo americano en el que cada uno vota por lo que tiene detrás?

R. Eso tiene ventajas como la  obligación de convencer a los tuyos, pero también existen grandes inconvenientes. Este país facilita más la influencia de los lobbies en los senadores que en el sistema español.

P. Siendo la número cuatro en las listas por Madrid, es probable que ocupe un alto cargo en caso de que el PSOE ganase las elecciones. ¿Qué puesto le gustaría ocupar? ¿Aceptaría algún ministerio?

R. Eso son hipótesis sobre hipótesis. Yo lo que me planteo es hacer un buen programa de regeneración democrática. Hay que establecer cauces de participación y colaboración de los ciudadanos para mantener un diálogo permanente. Ahora las cosas cambian muy rápido. No se puede hacer un programa que rija cuatro años sin que los ciudadanos vuelvan a intervenir en la política. Todo este trabajo ya es suficiente como para pensar en un ministerio.

P. Su postura hacia el independentismo ha sido siempre muy tajante. Pero la posición del PSOE ha sido más conciliadora. ¿Comparte la necesidad de una reforma constitucional hacia un Estado federal defendida por el PSOE?

R. Hay que redefinir el modelo de Estado en base a una estructura federal. En España, hace falta cerrar las competencias que quedaron abiertas en la Constitución del 78. Se deben establecer cuáles corresponden al Estado y cuáles a las comunidades autónomas y redefinir el modelo de financiación. Todo el mundo tiene  bastante claro que el Estado autonómico ha dado todo de sí.

P. ¿Y con ese sistema federal cree que el problema acabaría?

R. En política los problemas nunca se acaban, sino que van cambiando unos por otros. Lo ideal es que las soluciones políticas duren 25 o 30 años. La Constitución del 78 solucionaba los problemas políticos de ese momento. El fallo ha sido esperar a esta agonía que hemos vivido, especialmente estos cuatro años con el inmovilismo del Gobierno. Si ahora se hace una reforma constitucional, dentro de 25 años habrá que hacer otra. En Francia cambian su constitución todos los años y no es tan traumático. Se trata de pensar ahora cómo queremos que sea España dentro de 25 años y dar pasos hacia ese camino. No hay ningún problema que se solucione para la eternidad.

P. Durante su etapa de diputada participó en la Comisión de Asuntos Exteriores y Cooperación exterior para el desarrollo. ¿Qué opinión le merece la acción de Europa en la crisis de los refugiados?

R. La tibieza con la que están actuando la mayor parte de los gobiernos, a excepción de Ángela Merkel, refleja que los estados no se han dado cuenta de que se juegan la supervivencia de Europa. La Unión se fundamenta en tres pilares: el euro,  el acuerdo Schengen y los valores democráticos en de defensa de los derechos humanos. Sin embargo, sí han sido conscientes de que nos la jugábamos con la crisis del euro y, aunque haya sido arrastrando los pies, han tomado medidas. Falta la sensación de urgencia. Se debe abordar la crisis de refugiados con una solución que sea común y a largo plazo. El otro día leía un informe de ACNUR que calculaba que, en los próximos años, puede haber hasta 20 millones de refugiados. Europa no puede vivir en un islote de paz y prosperidad rodeada de guerras.

P. ¿Europa debería intervenir en Siria?

R. Europa se ha equivocado pensando que el problema de Siria no le concernía. En este momento, con la intervención de Rusia, todo se ha complicado. Se está librando una guerra de peones. Rusia actúa para sus propios intereses, que es defender a Al-Ashad. La situación es muy compleja como para pensar que con una intervención militar se arreglaría.

P. Ha afirmado que durante la crisis económica la Unión Europea ha ido desarrollando mecanismos de gobierno que han sustraído poderes de elección a los ciudadanos. ¿A qué se refiere exactamente? ¿Cómo podemos recuperarlos? ¿Justifica esto el auge del antieuropeísmo?

R. El auge de los populismos está ligado a que los ciudadanos sienten que las instituciones europeas no están funcionando a su servicio. Una unión monetaria y fiscal no puede hacerse sin unas herramientas de política comunes. En la encrucijada que estamos ahora o los países se comprometen a una unión política más fuerte o, si no, va acabar saltando en pedazos. No hay alternativa fuera de la Unión Europea. El que plantee cualquier otra cosa, está engañando a la ciudadanía, aprovechando ese estado de ánimo contrario a las decisiones que se han tomado en Europa.

P. Siempre ha defendido que su paso por la política es temporal ya que la profesión que más le apasiona es el periodismo. ¿De qué modo le va a afectar su carrera política a su hipotético regreso a la profesión?

R. En España, la política está pensada para los funcionarios. Cuando trabajas en la empresa privada, no es fácil volver. Yo espero tener la capacidad suficiente para reciclarme. Siempre voy a seguir escribiendo porque, antes que mi profesión, es mi vocación.

P. Nos dijo Monedero que antes los revolucionarios se iban al monte y ahora se van a los platós de televisión. ¿Hay también una burbuja de políticos en los platós de televisión?

R. Antes los políticos no querían ir a televisión, lo que contribuía al distanciamiento. Ahora la gente puede ver cómo hablan los políticos en otro contexto que no es el institucional. El riesgo es que se frivolice demasiado la política. No podemos llegar a creernos que se puede sustituir el debate parlamentario por un debate el sábado por la noche.

P. Le gusta mucho leer. ¿Qué libro recomendaría a los universitarios?

R. Recomendaría a todo el mundo el libro escrito por Borrell Las cuentas y los cuentos de la independencia. Consigue desmentir todas las falacias que los soberanistas han contado y contribuye intelectualmente al debate político. Este se queda muchas veces en la espuma y no se arma con una argumentación intelectual. En cuanto a literatura, un de los libros más bonitos que he leído es Si una noche de invierno un viajero de Ítalo Calvino. Ahora leo muchos ensayos. La ficción la satisfago viendo series. Acabo de empezar The Wire, pero únicamente he visto el primer capítulo y todavía no tengo un criterio formado sobre si me está gustando o no. Este verano vi entera Downtown Abbey, Breaking Bad…

 


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