Tiene un hablar cálido y ágil, un discurso que redunda en su nitidez y una actitud tan firme como humilde. No parece político, al menos, no uno de los que habitan en nuestro imaginario colectivo: un ser distante, acomodado en el pedestal de un poder intocable, insensible a la realidad y más preocupado por aplicar la letra de la ley que por hurgar en su espíritu. Al fin y al cabo está ahí por eso, por ser la antípoda al cliché.

 Hace menos de un mes, el juez Santiago Pedraz decidió archivar su caso por segunda vez. Guillermo Zapata (Madrid, 1979), desde la oficina municipal de Villaverde, no se toma la noticia como una victoria y sigue reiterando sus disculpas, sin olvidarse de añadir "el contexto en el que se produce". La herramienta tecnológica de la que se valiera este activista del 15-M para llegar al foco político, le costaría, años más tarde, la cartera de Cultura. Este guionista y novelista que hoy es concejal-presidente de los distritos de Villaverde y Fuencarral-El Pardo fue uno de los fundadores Ganemos Madrid, partido que, tras su unión con Podemos sacaría del Ayuntamiento al PP de Esperanza Aguirre.

La Mecha le visita en Villaverde, sin atascos, sin contaminación. A veces hay que salir fuera de la almendra para saber que Madrid va más allá de la M-30. Durante la entrevista se explaya en las respuestas, es generoso con el tiempo. En aquella sala de reuniones sin relojes pasan las preguntas pero no el tiempo. 

 

Pregunta. ¿Por qué Fuencarral y Villaverde? Dos distritos tan lejanos y diferentes entre ellos. 

Respuesta. Yo tengo asignado un área y un distrito, el área es Cultura y Deportes y el distrito es Fuencarral-el Pardo. Es un distrito que elijo yo. Cuando yo dimito de cultura hace falta buscar una persona que me sustituya en Cultura, como la persona que me sustituye es Celia, que estaba de concejala en Villaverde, lo que hacemos es un cambio: ella se queda responsable en cultura y deportes y yo me quedo en Villaverde. Era la manera de que todos nos mantuviéramos con uno o con dos [distritos] y que el cambio fuera sencillo.

P. ¿Qué significó para usted el 15-M?

R. Significó una intensificación enorme de la vida, a todos los niveles: de actividad, de apasionamiento, de estrés, de ilusión… Y significó también ir más allá de una hipótesis que teníamos instalada social y generacionalmente las mayorías sociales de este país. Pasar de una hipótesis de derrota a una de victoria. El 15-M lo que pone encima de la mesa es: se puede ganar, se pueden cambiar las cosas, se pueden hacer las cosas de otra manera.

P. Ahora Madrid nace de la unión de Ganemos Madrid y Podemos. Usted fue parte activa en este proceso de unión. ¿Fueron complicadas las negociaciones entre ambas organizaciones? ¿Quién puso más de su parte para la unión? ¿Cuánto de Ahora Madrid es Podemos y cuánto Ganemos Madrid?

R. Las negociaciones fueron complicadas. Todas lo son. Lo que se hizo fue un comité negociador. Ganemos Madrid en ese momento había recogido 30.000 apoyos a la iniciativa y tenía unas 400 personas más o menos activas en nodos en distintos barrios. Y en un momento dado establecimos una interlocución con Podemos. Hubo cesiones por los dos lados.

P. ¿Qué cesiones?

R. Por un lado, nosotros cedimos, por ejemplo, en que Podemos no se insertara en Ganemos Madrid y aceptamos generar una pieza nueva: Ahora Madrid. Una cesión por parte de Podemos fue el sistema de primarias. Nosotros teníamos una propuesta que era un sistema que favorecía a las minorías. Si tú presentabas varias listas, prácticamente garantizabas que todas las listas fueran a tener alguna representación. Podemos quería un sistema de primarias en el que tú tienes una lista y el que gana se lo lleva todo. El resultado final de eso es que la lista última que se compuso era bastante variada: gente de Podemos, de Ganemos, de ninguno de los dos... Creo que la herramienta Ahora Madrid está cogiendo y cada vez va ganando más fuerza propia. Ni de Podemos ni de Ganemos.

P.  Ha hablado usted en numerosas ocasiones de cambio histórico refiriéndose al resultado de las pasadas elecciones locales y autonómicas. Más allá de la euforia inicial, ¿Cree que se ha producido ya una transformación real en los gobiernos de estas instituciones? ¿Qué ha cambiado en Madrid?

R. El resultado electoral es histórico en la medida en que la fuerza política que desde hace 24 años estaba gobernando es derrotada. Si a eso se le suma que quien vence es un partido que no es un partido, que es una plataforma ciudadana que no tiene nada que ver con los partidos tradicionales...

Luego están los cambios concretos que empezamos a colocar en el ayuntamiento. Hay uno fundamental: hemos pasado de una política de austeridad a una política de inversión social. No solo es importante porque suponga más inversión, sino porque rompe dos tendencias: la de recortar y la de que asumamos la austeridad como el pan nuestro de cada día. Otro cambio que me parece importante es la cuestión del feminismo y de la mujer como un elemento central; una feminización de la política. Una política que ha sido muy masculina y unas instituciones muy masculinas. Yo tengo la sensación de que se van feminizando, no solo en el sentido de que haya más mujeres protagonistas o que haya obligación en nuestras listas de que sean paritarias.

P. Defiende entonces la inclusión de la paridad como norma por encima de la meritocracia…

R. Sí, salvo que la norma perjudicase a la mujer. Por ejemplo, si tú haces unas primarias y te sale: mujer, mujer, mujer, hombre; que no quites a la segunda mujer y la sustituyas por un hombre. Tiene que ser una norma que beneficie a la mujer, nunca al hombre. El problema de la “lógica meritocrática” es que no se da en un contexto ausente de estructuras. Por ejemplo, cuando alguien va al médico y prefiere que lo atienda un médico varón que una médico mujer. Eso afecta a la meritocracia porque esa mujer tiene mucha más dificultades para hacer mérito, progresar y ser valorada.

P. ¿Tiene límites el humor? ¿Debe tenerlos?

R. La propia sociedad construye los límites de lo tolerable y de lo intolerable y luego, como todo ejercicio de comunicación, el humor es una herramienta que puede decidir o no trabajar con esos límites y ampliar esos límites. Pero límites siempre hay, todo el rato. No pasa nada, no está mal. No tiene tanto que ver con la libertad de expresión como con las consecuencias. No es que no se pueda hacer broma de cualquier cosa. Yo a priori creo que se puede hacer broma de cualquier cosa, pero no está exento de consecuencias, esa broma se inserta en un contexto social.

P. ¿Cómo es la conversación con Manuela Carmena en la que deciden que lo mejor es dimitir?

R. Fue una conversación muy normal. Yo llegué, me reuní con Manuela [Carmena] y charlamos durante una hora sobre cuáles eran las cosas que teníamos que hacer. Los dos estábamos de acuerdo en que lo mejor para el proyecto era que yo no llevara la parte de cultura porque podía afectar al trabajo. Esta decisión, que se tomó el lunes por la mañana, la venía manejando como posibilidad desde el sábado, se la llegué incluso a plantear a mis compas de comunicación cuando ni siquiera había hablado con Manuela. En ese sentido estaba bastante tranquilo con la decisión. En ese sentido no tenía eso de: Soy el único que puede hacer esto. No había ego. No demasiado. Cuando uno está en un proyecto colectivo entiende que hay cosas que están por encima de uno, que uno no está ahí por ser quien es, que a mí nadie me ha votado.

P. ¿Y del grupo de comunicación cuándo te desvinculas?

R. No es que abandone el grupo de comunicación sino que yo ya no iba a estar de facto en el grupo porque al ser concejal yo ya no iba a tener tiempo.


Yo no dimití porque lo pidiera el PSOE o el PP, yo dimití porque notaba que las propias bases de Ahora Madrid percibían esto como un desestabilizador del Gobierno


P. En numerosas ocasiones ha asegurado que si dimite del cargo en cultura es porque el desempeño del mismo se iba a ver continuamente contaminado por el contenido de sus tweets por parte del resto de partidos. Si no hubiera habido presión por parte de esos partidos a los que se refiere, ¿hubiera dimitido?

R. Yo no ponía tanto el énfasis en los partidos, entiendo que tienen que hacer funciones de oposición. Yo estaba pensando más bien en votantes de Ahora Madrid que veían que aquello podía ser complicado. No tengo problema en quitarme del medio cuando veo que puedo ser un problema para el proceso colectivo. Yo no dimití porque lo pidiera el PSOE o el PP, yo dimití porque notaba y tenía feedback de que las propias bases de Ahora Madrid percibían esto como un desestabilizador del gobierno.


P. ¿Ha sentido una persecución sobre Ahora Madrid o sobre usted mismo?

R. Aquí hay dos hipótesis, una de ellas es la de la conspiración. Yo no comparto esa hipótesis, no creo que hubiera nada contra mí. Lo que sucede es que se produce un contexto de aceleración muy fuerte de la información en muy poco tiempo en el que de manera descontrolada se produce una imagen de mí que no es la persona que yo soy. No atribuiría esa imagen a que los medios de comunicación inyectan un sentido, sino que las redes, que muchas veces funcionan de manera autónoma, producen esa imagen. Los medios de comunicación la recogen. Por tanto, no pienso que haya una persecución sino que ha habido un proceso de visibilización, es decir: se me ve más. Y al vérseme más soy objeto de más discusión o se proyecta sobre mí diferentes cosas. En lo que tiene que ver con Ahora Madrid sí creo que hay, de una manera más o menos clara, una propuesta política que pasa por lo mediático para impedir el libre ejercicio de nuestro trabajo. La política ahora mismo, con todo lo bueno y todo lo malo que conlleva, se hace desde los medios de comunicación. Es decir, los medios de comunicación -y aquí me refiero tanto a las redes sociales como a los medios informacionales- son los que construyen la esfera pública y donde se discute lo que es lo tolerable y lo que no.

Hay una propuesta política, que pasa por lo mediático, para impedir el libre ejercicio de nuestro trabajo


P. Como guionista, ¿cree que en España se maltrata la cultura?

R. Por un lado diría que sí, pero por otro lado es una posición que no me gusta. La posición del profesional de la cultura quejica que atribuye sus problemas sistemáticamente a un maltrato de la cultura no es razonable. También ha habido una politización de la cultura en términos partidistas. Durante los años ochenta el partido socialista utilizó la cultura para producir unos determinados consensos: la imagen de una España moderna, de desarrollo económico en un contexto de apertura a Europa… La idea de que la cultura se maltrata de alguna manera la exime de su propia responsabilidad. Y los profesionales de la cultura muchas veces nos hemos instalado en relaciones clientelares, en relaciones de quejas muy poco propositivas. En el momento que ha aparecido la cuestión de las descargas hemos tenido tanto posiciones a la izquierda [la ideología de los profesionales culturales], como más conservadoras en la manera de relacionarnos en este asunto. Por tanto, me parece que hay que complejizar un poco más. Ahora bien, a la vez me parece que ha habido un proyecto político, sobre todo en los últimos de la legislatura de Aznar que luego ha ido continuando Rajoy, de entender la cultura como un estorbo, como una cuestión que le era problemática y sobre la que tocaba producir una determinada idea: gente que vive del cuento, que no trabaja, que hace productos de una calidad ínfima. En fin, cosas que creo que nos son ni razonables ni justas.

P. ¿Qué medidas habría planteado para solucionar estos problemas?

R. Las medidas que yo habría propuesto son las que se van a proponer desde el área. Nosotros planteamos la necesidad de descentralizar la cultura: sacarla del centro de la ciudad y llevarla a los distritos, a las zonas periféricas de la ciudad. La idea de que la cultura no se circunscriba a los espacios que tradicionalmente se han entendido como culturales, sino entender que la sociedad al completo está produciendo cultura.

P. ¿Cuál es su corto favorito?

R. Yo creo que el último, no sé. Tengo mis dudas. Tengo la sensación de que “Y todo va bien” es un corto fallido pero no porque crea que esté mal, sino por las ambiciones que yo tenía sobre el corto con relación al resultado. A mí es un corto que me gusta mucho, pero que salió algo que no era exactamente lo que yo tenía en la cabeza cuando empecé. Mientras que me parece que “Spot” es un corto como muy breve, bien contado, muy directo, con una planificación muy sencilla… funcionan casi perfectamente.

 Click aquí para ver el corto: https://www.youtube.com/watch?v=N823ELFkbAM


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