Preguntamos por Andrés Herzog y nos respondieron con Julio Lleonart. Del número dos de UPyD poco puede averiguarse a través de la principal herramienta de investigación del periodista moderno: Wikipedia. Sustituto de Toni Cantó y sentado un par de semanas junto a Irene Lozano, comparte poco con los dos mayores detractores de su partido. Llega a la sede con un vaso de café de Starbucks, gafas de pasta y frondosa barba perfectamente cuidada: es un hípster de manual.

Primera hipótesis confirmada. Encaja en ese perfil de político joven que exhala naturalidad. Experto en marketing, no podemos evitar pensar si hay algo de postureo.

Entramos en la pequeña sala de conferencias, adornada por el nuevo logo del partido. Responde con la agilidad de un político curtido y con la sencillez de un treintañero por Malasaña. Culturalmente ecléctico: admira a Savater, cita el cine francés y ‘Buscando a Nemo’, e imita a Jesús Posada. Y bastante bien, por cierto. Entre su aspecto y su cercana oratoria, pronto nos sentimos trasladados a un bar cualquiera de la Plaza del Dos de Mayo. Sólo nos faltan un par de cañas.

 

P. Cuando llegó al Congreso, Irene Lozano ocupaba un escaño junto a usted. ¿Qué le parece su marcha?

R. Si quieres que te diga la verdad, su marcha era más o menos esperada, ella no estaba cómoda. Cuando pierde las elecciones internas empieza a distanciarse de las reuniones de equipo. Era lo que podría llamarse crónica de una muerte anunciada.

Lo que me molesta como compañero es que yo espero que la gente que está trabajando en el proyecto, antes de irse a otro por la circunstancia que sea, tenga respeto y sea capaz de decir: “oye, me voy”. Nos enteramos por los medios. Ella cursó su baja al día siguiente de anunciarse su incorporación a las listas del PSOE y eso en cualquier grupo humano sienta mal.

 

P. Declaraciones de Irene Lozano a La Mecha:

“Se tomaron decisiones políticas equivocadas hace más de un año. Hubo gente que desde dentro lo dijo y no sirvió para cambiar esas medidas. Simplemente, cuando tú te apartas de lo que los ciudadanos están diciendo, estos acaban apartándose de ti. Eso es lo que le ha pasado a UPYD.”

R. Es interesante como opinión. Nadie está en posesión de la verdad absoluta. La ciudadanía puede apartarse de nosotros en un momento dado porque considera que estamos haciendo mal las cosas. Pero cuando la gente manifiesta en el CIS que está preocupada por una serie de materias que coinciden con lo que tú estás diciendo; cuando abres una campaña de donaciones y te aporta dinero para que sigas con esas causas judiciales que estás llevando porque nadie más lo hace; cuando tienes apoyo en las políticas que tú desempeñas, la gente no se está apartando de ti por tus políticas, sino por otras cosas.

Nosotros evidenciamos públicamente los problemas y debates internos que teníamos porque no éramos conscientes de que esa forma de rendir cuentas era perjudicial; creíamos que mostrar esa discrepancia en el seno del partido era bueno para la democracia. Queda demostrado que la gente entiende que un partido que está discutiendo sobre cuestiones internas, no se está ocupando de los problemas de las personas: “no os apoyo, porque no os preocupáis por mí”. Sobre eso ella no mencionó nada. Con lo cual no coincido en el motivo que apunta.

 

P. Tras hacer autocrítica, ¿qué ha recomendado al partido de cara al 20-D?

R. Lo mismo, solo que antes como una persona que estaba en el área de redes sociales, y ahora como responsable de comunicación. Creo que la mejor forma de comunicar es utilizando un lenguaje mucho más cercano a la gente, contenidos mucho más cortos y amables. En un mundo en el que las redes sociales, básicamente, han democratizado y acercado la política a la ciudadanía, esta no tiene tiempo para recibir toda esa información. Es la memoria de Dory en Buscando a Nemo. Tienes que conseguir captar la atención a tu mensaje en segundos, es muy complicado. Todos los contenidos tienen que ser cercanos y viralizables, y en ese esfuerzo estamos desde junio.

 

P. En octubre el CIS les daba un 1,2%. ¿Qué pasará si después de las elecciones UPyD no obtiene representación?

R. No me lo planteo, directamente. Con resultados iguales o un poco peores obtuvimos representación con Rosa Díez en 2011. Ese CIS corresponde a octubre tomándose muestras justo después de las elecciones catalanas, a las que decidimos no concurrir para no dividir el voto de las opciones constitucionalistas y, por tanto, no estuvimos presentes en los medios. Habíamos tenido nuestras disputas internas y un consejo extraordinario antes de verano. Desde entonces hemos cambiado bastante: hemos presentado nuestro logo, nuestro programa y nuestros nuevos candidatos... todo es crecer.

 

P. Dentro de la campaña al Senado han entrado Savater, Trapiello e Iwasaki. ¿Costó mucho convencerlos?

R. No te creas. Fue en una comida. Trapiello propuso que hablásemos con Savater porque creía que iba a querer estar y aceptó. Cuando hablamos con Iwasaki dijo “cómo no voy a estar si están estas dos personas”. Esto me hace sentirme muy pequeñito. Yo a Savater lo estudiaba cuando estaba en el instituto, es un referente. A Trapiello, esa crítica que puede llegar a hacer a nivel sociológico lo hace muy grande. Iwasaki, como escritor, me parece admirable, y como persona magnífico. Estar rodeado de personas de tal altura que cuando los necesitas vengan y den un paso adelante, ¡joder!, es muy grande.

 

P. Aún mucha gente no sabe ubicar a UPyD en el espectro, ¿dónde lo sitúa?

R. El espectro ideológico está roto, ya no sirve para medir. Ni la izquierda ni la derecha clásica se comportan como tales. El PP tiene en su seno cuestiones de liberalismo que se alejan del ala conservadora y el PSOE, en ocasiones, pactando políticas con el PP, se comporta más como un partido de derechas.

Nuestro partido es efectivamente progresista, apuesta por cambios radicales en la sociedad. Por ejemplo, en nuestro propio manifiesto estábamos a favor de un Estado laico, y nos decían que era de izquierdas; a la vez creíamos que no había nada más progresista que defender la recuperación estatal de ciertas competencias legislativas (educación, sanidad, justicia), para garantizar que todos los ciudadanos sean iguales independientemente del territorio, y decían que era de derechas. ¡Poneros de acuerdo en lo que soy, porque me tenéis en un sinvivir! Las etiquetas me dan absolutamente igual.

 

P. ¿Habría una posible unión postelectoral con C’s o hay demasiadas diferencias?

R. No lo creo. Yo defendí en su momento que no nos uniéramos y lo seguiré defendiendo. Cuando me afilié al partido, C’s ya existía. No creo que se parezca a nosotros ni en desarrollo, ni en estructura, ni en actuaciones políticas. La mayor parte de la ciudadanía los ubica en el seis y pico en la escala ideológica del CIS, y a nosotros en el centro perfecto. A ellos no les importa pactar con partidos políticos con imputados por corrupción, entrar en consejos de administración, televisiones o en el CGPJ, y eso son cuestiones que hemos criticado; privilegios a los que hemos renunciado desde el principio.

No hemos tenido ningún problema en afrontar y defender temas que la sociedad ya entiende que están en su base, como la despenalización del cannabis, no solo para uso terapéutico sino recreativo, la gestación subrogada o la eutanasia. Ellos lo que miden mucho es cómo puede afectarles a la hora de decidir si lo lanzan o no. Han entendido muy bien lo que significa hacer política demoscópica.

 

P. En La Mecha nos hemos mostrado críticos con los políticos en televisión que hacen más espectáculo que política. ¿Le veremos a usted o a algún miembro de UPyD bailando en El Hormiguero?

R. Hace poco le preguntaron a Herzog por qué sentía que UPyD era un partido joven, y dijo que por el espíritu gamberro. Posada nos llegó a llamar la atención porque nos habíamos leído el reglamento por encima y nos dedicábamos a hacer fotos y contar lo que estaba pasando. Somos gamberros, respetuosos con las instituciones, pero tenemos ese punto de los críos de probar los límites, pensar: “no me quiero ir de la Cámara sin que Posada me diga eso de: ‘le llamo al orden por primera vez (imitándolo)”. Aun así, no creo que Andrés ni yo nos prestemos a bailar en El Hormiguero. Tengo muy poco sentido del ritmo y no me sentiría cómodo. Además, no hace falta bailar para humanizarse.

 

P. ¿Cómo se ofrece al amplio porcentaje de catalanes independentistas un modelo alternativo de Estado?

R. Hoy en día con la información que le llega a la gente, abstenerse o votar en blanco es una opción racional que expresa un desacuerdo. Por tanto, una mayoría no está de acuerdo con la independencia.

El problema independentista real es ir a los datos y no asumir los discursos de algunos, cargados de una legitimidad que no tienen. Si te vas a la inversión en políticas sociales, a las garantías en sanidad, a la protección a los mayores o a menores, a los desahucios… te encuentras con una comunidad con desigualdades y un nivel de pobreza mayor que el de hace quince años. Esto te hace plantearte si esta huida hacia delante viene porque ellos son conscientes de que podrían gobernarse mejor a sí mismos, o porque con esto tapan el resto de los problemas que tienen algunos líderes de CiU o ERC.

Deberían hablar con Kosovo donde hay un vacío de poder absoluto, una falta de reconocimiento internacional y unos bloqueos arancelarios que alucinas. Fue el primer modelo de “yo pongo los cojones encima de la mesa y que pase lo que pase”.

Ahora tienen menos escaños y porcentaje. Llega un momento, y es la maravilla de la democracia, en que los extremos se disuelven en la mayoría. Esa radicalización extrema les va a terminar pasando factura, como le ha pasado al PP, y no por la vía nacionalista, sino por la xenófoba.

 

P. ¿Llegaremos, entonces, al Artículo 155?

R. El artículo 155 lo que dice es: “señores líderes políticos, sois incapaces de preocuparos por vuestra gente, os quito la competencias necesarias y las ejerzo yo directamente. Deja de hacer el chorra y vamos a centrarnos en lo que toca, que es gobernar para los catalanes”. En sí mismo no es malo ni bueno, depende del uso, ya que no está desarrollado.

En comunicación a veces no es importante decir la verdad, sino ser el primero en implantar una idea, como hicieron los líderes catalanes.

 

P. En Cataluña, UPyD está querellado contra los Pujol y contra Mas. Además, contra Bankia, el caso de las preferentes, etc. ¿Van a poder seguir en estas causas judiciales?

R. En todos los saraos. Sí, sí vamos a poder. Lanzamos un crowdfunding hace un par de meses, nos pusimos un poco gamberros y estamos casi en la totalidad de lo que pedíamos, con lo cual tenemos provisión de fondos para poder seguir en estas causas y vamos a seguir pidiendo colaboración. Lanzaremos nuevas campañas porque la gente también te lo pide: “llega un momento en el que los otros partidos se callan y vosotros seguís”.

 

P. Educación. ¿LOMCE?

R. No.

 

P. ¿3+2?

R. No creo que hacer modelos más simples y accesibles nos lleve a una mayor profesionalización. Creo que el modelo tiene que ser más profundo y tener en cuenta la universidad y su relación con las otras etapas. Creemos en un modelo 100% público y hay materias como las humanidades y la filosofía que tienen que tener mucho más peso y si ello es a costa de la religión, pues sin problema.

 

P. Antes ha dicho que no le gustan las etiquetas y sin embargo le persigue la de hípster. Vaso de Starbucks, barba, gafas… ¿Cree que es merecida?

R. Pues no lo sé. La primera vez que me lo dijeron lo busqué en internet. Encontré una publicación americana de los años 70, aunque se ha puesto de moda ahora, viene de largo. Es un movimiento iconoclasta, contracultura y contestariado. Creo que hay mucha gente que lo es y no lo sabe pero, espero, de una manera un poco naíf, que mucha gente se identifique con un movimiento así. Lo mejor que puede tener una sociedad es personas críticas que se replanteen los dogmas.

 


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