Es la mano derecha de Alberto Garzón y junto a él son los únicos diputados que ha conseguido Izquierda Unida en las pasadas elecciones. Sin embargo, ella  se molesta cuando en los rótulos de televisión la definen únicamente como “diputada por IU” y no hacen referencia a Unidad Popular. Sol Sánchez (Madrid, 1970) es una socióloga y antropóloga que pertenece a Unidad Popular (confluencia de IU). Antes de dar el paso a la política, presidía la Asociación Attac. 

Sol Sánchez nos cita en un bar de Fuente de la Mora (al norte de Madrid) muy cerca de su casa y muy lejos del centro. Nos confiesa que hacía mucho tiempo que no salía por su barrio. Sonríe y se disculpa por los dos minutos de retraso: “Vengo de una manifestación en Génova… y así de maquillada, ¡qué vergüenza!”.


P. ¿Pasea con Alberto Garzón asiduamente?
R. Últimamente bastante para ir de un sitio a otro por el centro de Madrid a la salida del Congreso. Si coges un taxi para ir a un acto cerca, has muerto. Es preferible ir caminando. Alberto la mitad de los días va al Congreso en bici, pero en BiciMad. No lo hace para sacarse ninguna foto, sino porque es lo que usa para moverse. De vez en cuando, me llama para decirme: “Oye, llego tarde porque no hay bicis en mi parada”.

P. 1.000.000 de votos, casi 200.000 en Madrid pero, al final, solo dos diputados ¿contentos?
R. Sí, a nivel estatal 960.000. Es un éxito mantener casi un millón de votantes. Si además contabilizásemos los votantes de Izquierda Unida que han votado a las confluencias gallega y catalana, pasaríamos de sobra el millón. No es un mal resultado en ese sentido, pero por otra parte sí que lo es ya que tenemos únicamente dos diputados en el Parlamento. Te puedo asegurar que nos vamos a mover como veinte, pero somos solo dos. Fíjate como de paradójica es la vida que no hemos podido tener un grupo parlamentario propio y, sin embargo, ahora nos están ofreciendo una coalición de izquierdas para gobernar. Sorpresas te da la vida en 24 horas.

P. ¿En unas nuevas elecciones UP volvería a presentarse con IU?
R. Claro, por supuesto. Bueno, hombre habría que preguntárselo a todos los de UP, pero si me preguntas a mí te digo que sí.

P. Usted refiriéndose a la precariedad laboral ha llegado a afirmar que algunos trabajadores se encuentran casi en situaciones de esclavitud…
R. Eso lo he dicho yo y lo repito, pero no son datos nuestros. Es la propia Comunidad Europea con sus datos la que dice que en España hay un 14 % de trabajadores activos por debajo del umbral de la pobreza.


“Hay gente trabajando hoy en día que vive una situación mucho peor que la de algunos tipos de esclavitud”
P. Esclavitud es una palabra bastante agresiva ¿no cree?
R. Sí, bueno fíjate, me atrevería a decir más: en sociedades precapitalistas la esclavitud no es exactamente la misma a la que nos referimos nosotros. Los esclavos formaban parte de alguna manera del núcleo familiar y sus amos estaban obligados a cubrir todas sus necesidades. Hoy en día hay gente que ni siquiera con el producto de su trabajo tiene para cubrir sus necesidades básicas; o sea que dependiendo del tipo de esclavitud a la que nos estemos refiriendo la situación mucho peor.


“Siempre ha habido precariedad laboral, pero ahora se está convirtiendo en estructural”
P. Entonces, ¿cómo solucionaría IU-UP el problema laboral?
R. Primero tirando abajo las dos últimas reformas laborales. Son la base estructural sobre la que se ha edificado la precariedad actual. Siempre ha habido precariedad laboral pero ahora se está convirtiendo en estructural y esto no es casualidad. Si se lleva al mínimo los derechos laborales, si hacemos que la recuperación del país se base en pagar miserablemente a los trabajadores, a mí esa recuperación económica no me vale absolutamente para nada. Nosotros proponíamos un plan de empleo público. Otra de nuestras propuestas estrella en la campaña era el plan de trabajo garantizado que teníamos perfectamente medido.

P. ¿Un plan de trabajo garantizado para toda la población?
R. El plan de trabajo garantizado consistía en crear un millón de puestos de trabajo financiados por el Estado en colaboración de los gobiernos locales y municipales. Con el fin de cubrir necesidades sociales que dentro del mercado no son rentables y, por tanto, no generan puestos de trabajo. Nos estamos refiriendo a cuidado del patrimonio, labores culturales… trabajos de ese tipo. Y es que en todas partes donde se han ido aplicando las políticas de recortes al final lo que se ha conseguido es que la brecha entre ricos y pobres sea cada vez mayor. Esto es lo que está pasando desde que empezó la crisis, agudizándose; más en España que ningún otro sitio de la Unión Europea, menos Chipre. Que nos vendan eso desde la derecha como una recuperación económica es tener la sensibilidad social de un calamar a la plancha. Alucinante.


“No creo que el mercado sea capaz de asignar los recursos adecuadamente”
P. ¿Considera la acción del Estado, económicamente, más eficiente que la del libre mercado?
R. A veces hay grandes teóricos que hacen afirmaciones muy buenas y otras que son de cajón de madera de pino y que desde su torre de marfil -parece que nunca han pisado el suelo y se han dado una vuelta por el mundo-  se caen por su propio peso. Lo que no creo es que el mercado sea capaz de asignar los recursos adecuadamente. Y mucho menos el mercado en este momento histórico en el que nos encontramos. Ahora mismo estamos viviendo un capitalismo desembridado, es como si el caballo  se hubiera vuelto loco y va dando bandazos por todas partes. Si realmente el capitalismo por sí mismo fuera fantástico, con esto de oferta-demanda como teóricamente nos dicen, no sucedería que haya millones de personas en el mundo pasando hambre.

P. ¿Y esto se soluciona nacionalizando?
R. Donde verdaderamente nos ha ganado y en lo que ha invertido muchísimo la derecha ha sido en conciencia, la guerra cultural. Hay cosas que ya entran dentro de la forma de pensar automática de la gente: es que si lo privatizas es más eficiente, genera beneficios. Esto no siempre es así. Nos suena todo como muy stalinista cuando hablamos de nacionalizar. De hecho, lo que ahora son aparatos represores que no te dejan, realmente, el más mínimo margen de libertad como ciudadano son las grandes corporaciones transnacionales y las grandes empresas como, en este caso, puede ser Endesa o muchas otras.

P. ¿A Repsol también lo metemos dentro de ese saco de grandes empresas?
R. Sí. Yo  creo que si queremos de verdad tener un cambio de modelo productivo,
 muchas empresas deben dejar de seguir unos intereses basados exclusivamente en la acumulación de beneficios empresariales. La única forma es que los sectores estratégicos de la economía cumplan esta premisa es que estén bajo control público.

"Para que las empresas dejen de buscar únicamente la acumulación de beneficios empresariales tienen que estar bajo control público"

P. Suele decir, que en el caso del TTIP los medios españoles han sido muy poco profundos y los acusa de esconder la realidad…
R. Sí, los grandes medios sí. Los medios libres, digamos alternativos, sí están sacando esto sin parar. Yo no he dejado de hacer cosas con este tema y también he estado en televisiones pero nos han dado tres minutos en un año. Realmente, la democracia en España está bastante enfermita, es decir, hay mucho que arreglar.

P. Nosotros desde La Mecha, hemos sido bastante críticos con los políticos que hacen más espectáculo que política, ¿la veremos bailando o tocando la guitarra en El Hormiguero si la invitasen?
R. Seguro que no. Tengo guitarra, eh y la toco, pero no como para tocarla en público. Y bailando… bailo mucho pero en mi casa. No es especialmente nuestro estilo. Nosotros hemos sufrido el apagón mediático ya que hay mucha gente a la que no tienes acceso si no es a través de los grandes medios de comunicación, especialmente a través de la televisión.

P. Pero, entonces, estamos de acuerdo en intercambiar esa cobertura mediática a cambio de ir de escalada con Jesús Calleja o al programa de Bertín Osborne…
R. No, yo la verdad es que con Bertín Osborne te apuesto lo que quieras a que no. Prefiero que me arranquen las uñas despacio. A ver, pobre Bertín Osborne. Bueno, pobre no. No tenemos mucha cabida en esto. No se puede combatir con el capitalismo del siglo XXI con los medios del siglo XIX. Ahí ya sí puede que entre un poco el adaptarse a los tiempos pero sin perder el norte; sin que la brújula se nos fastidie. Probablemente, creo que ni bailar claqué, ni bailar sin más esté dentro de nuestras expectativas.

P. ¿Cuándo y cómo se da el paso del activismo social al mundo político?
R. Pues de una semana para otra, prácticamente. Es un cúmulo de cosas. Evidentemente, estás en activismo social y, al igual que la gente que está en conflictos laborales, sindicales, los presentes en las luchas… estás en política. Lo que pasa es que es otra manera de hacer política bastante distinta. Acabas siendo de alguna manera, un lobby ciudadano. Yo, además, estoy muy metida en defender una serie de cuestiones económicas que veo que desaparecen del programa político de unos y permanecen en el de otros; con quienes, por supuesto empatizo mucho.

"El activismo social acaba siendo de alguna manera un lobby ciudadano"

P. ¿Tuvo alguna duda al principio, al entrar?
R. No, ninguna. La verdad es que no. Pero claro, es lo que te digo, yo estuve en bastantes cosas de Podemos unos meses antes como ponente. Quiero decir, no tengo ningún problema con ellos pero ahora son el adversario político.

P. ¿Nunca tuvo esa duda de a uno o a otro?
R. No, siempre lo tuve claro. Esto fue también porque cuando realmente ya me lo llegue a plantear en serio ya estaban las cartas puestas sobre la mesa.

P. ¿Esperaba ser número dos?
R. No, ahí la verdad es que me quedé un poco sorprendida. Gratamente sorprendida porque la verdad es que ha sido una campaña y una experiencia preciosa.

P. ¿Muchos nervios el 20D?
R. Mucho cansancio el 20D. Nervios ya ni teníamos del cansancio. Al final, ver que hubo momentos en los que te faltaban veinte votos para el diputado en Málaga es lo que peor llevé. La verdad es que lo de las votaciones es lo que peor llevo de esto de la política. Todo lo demás me parece fantástico. Me pasó igual con las primarias, me parecieron horribles. Creo que lo pasé incluso peor que con las elecciones. La democracia es una cosa muy dura.

P. Dentro del Parlamento, ¿cuál es el diputado que más gracia le hace?
R. Alberto dice que para ser andaluz tiene muy poca gracia pero a mí sí que me parece un tío muy gracioso, o sea, en las distancias cortas es muy simpático.  Me reí mucho el día de la primera sesión parlamentaria porque además todo el mundo fue prontísimo a coger sitio, una cosa muy loca. Yo llegué con los respectivos 20-25 minutos de anticipación que te permiten llegar pero no pasarte y aquello ya estaba de bote en bote. Sin embargo, éramos dos, o sea muy mal se tenía que dar para no caber en ningún sitio. Fue como el primer día de clase.


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