Vivimos en la era de lo inmediato, de lo visual. De los tuits y de los gifs, de las fotos que se desvanecen a los ocho segundos. De la sobreinformación y el desconocimiento. Si algo perdura, es que está desfasado. Y, mientras tanto, la política no pierde el tiempo, ningún partido ha dejado de llenar el Congreso de caras bonitas. Tampoco el Partido Popular, demacrado por la putrefacción de sus extremidades. En esa regeneración se encuentra Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del PP (Barcelona, 1984). Su juventud y buena presencia hace que la acusen, como a la mayoría de los nuevos políticos, de ser una mera figurante con dotes para el plató de televisión, pero de postín para el ciudadano ilustrado, que si de algo está harto es de que le traten por tonto.

Andrea Levy desbarata el tópico hablando de literatura, de nacionalismo y del futuro de la derecha en España. La tesis de Levy es que hace falta reforzar la ideología ante la estética. Las ideas ante las imágenes. La nuestra, que de la teoría a la práctica hay un paso. Los medios del Siglo XXI lo pueden todo; parece que uno sólo se puede librar de los cantos de sirena del prime time si se ata al mástil de la intelectualidad, desaparecido de la parrilla mediática. Pero para que el barco progrese su jefe de prensa debería llenarse los oídos de cera. Más que nada para evitar cualquier contradicción en su discurso, no vaya a ser que la veamos entrando en directo en El Intermedio anunciando un insólito pacto con Podemos, atraída por los pelos largos de algún canalla comunista.

 

Pregunta. En una entrevista en la contraportada de El País, usted hablaba con Juan Cruz de rebelarse contra la etiqueta en el mensaje político. Se declara interesada en la literatura. ¿Están relacionadas?

Respuesta. Cuando nos vemos sometidos a tener que intervenir en los medios, muchas veces intentamos sintetizar demasiado los conceptos, y eso nos da poco margen para que podamos hacer conexiones de ideas. Él me animó y me dijo que me rebelara contra esto. Creo que es bueno que los políticos lo hagan, introduzcan los contextos y expliquemos de dónde vienen las ideas que sintetizamos. Y la literatura es muy buena para atraer conceptos. Isaiah Berlin me parece interesante para tratar el tema del nacionalismo. Si sólo nos basamos en lo que creemos o en las frases que nos hemos marcado como marco mental a veces nos aburrimos. Por ejemplo, cuando tú lees a Houellebecq, que puede parecer que es un autor de novela, allí también hay mucha influencia política. Houellebecq trata la superación de los países dentro de un entorno globalizado.

P. ¿Qué valoración hace de Sumisión y de esa pérdida de valores europeos que trata de describir?

R. Eso es algo que refleja en toda su obra. Sobre todo en Plataforma. A mí el que más me gusta es El mapa y el territorio. En cuanto a Sumisión, te voy a decir la verdad: es el único de Houellebecq que he dejado a la mitad porque me aburrió un poco. Los otros los he devorado. Sumisión no es el más brillante, aunque tiene una frase muy buena: “Los países deberían ser para nosotros como los hoteles: uno va a pasar la noche y cuando se va uno puede elegir otro hotel”. Fíjate que en esa reflexión que hace un autor de literatura tú puedes tener una síntesis muy importante de un concepto político. La visión del individuo superado por un entorno también se ve en Pastoral americana de Roth o Canadá de Henry Ford.

P. En Roth y en Zweig se observa muy bien el nacionalismo del Siglo XX.

R. Leyendo El mundo de ayer me acuerdo de un párrafo revelador. Describe una escena en un café teatro en Francia donde pasan unas imágenes de Guillermo II y el público, automáticamente al ver las imágenes se pone a silbar, a chillar y a insultarle. Y entonces él se pregunta: ¿cómo es posible que en ese pueblo, esa gente que tan poca conexión tiene seguramente con lo que está sucediendo, se haya generado tal sensación de odio que solo proyectar una imagen directamente provoca esa reacción? Yo veo que esto me está sucediendo en Cataluña. O cuando sale una bandera de España o un jugador de la Selección. Son interesantes esas lecturas porque lamentablemente es posible que se repitan las circunstancias.

P. ¿Por qué el nacionalismo sigue tan vigente y renace con fuerza?

R. Los nacionalismos románticos (risas). Me gusta la frase de Rilke que dice eso de "mi patria es mi infancia". Lo que yo soy no es simplemente un sentimiento colectivo nacional sino que estoy compuesta por todo aquello que he vivido. Mi patria es todo eso. Creo que no puede disociarse el concepto de globalización con el auge de los nacionalismos, porque al final la tradición, que es lo que perpetúa todos esos recuerdos de generación en generación, debe hacerse más fuerte para no perderse en el magma que tenemos de globalización. Eso que quieres que perviva… La tradición de las fiestas de tu pueblo, por ejemplo. Todo ello acaba convirtiéndose en una protección del nacionalismo.

P. Sus palabras desprenden cierta comprensión hacia el sentimiento nacionalista.

R. ¿De comprensión por mi parte? Vuelvo al concepto Houellebecq: no estoy totalmente de acuerdo en que los países deban ser simplemente hoteles, porque conforman nuestros recuerdos. Hay una parte de tradición que debe pervivir, porque es bonito. El problema es cuando el nacionalismo nos opone a los otros. Eso es lo que veo en Cataluña, en Pegida, en el Frente Nacional… el problema en el nacionalismo no es el concepto romántico de la tradición, el problema es el nacionalismo como arma de situarnos contra el otro. Eso es lo que lo convierte en un acto peligroso.

El problema del nacionalismo no es su concepto romántico de la tradición sino su utilización como arma de situarnos contra el otro

P. ¿Por qué en España no ha surgido un movimiento de ultraderecha como esos?

R. Sí, es verdad, no ha surgido. Afortunadamente. Yo creo que todos los países, cuando viven una situación de incertidumbre o una situación de inestabilidad interna lo que tienden es a despertar a sus antiguos fantasmas. En el caso de Francia es la inmigración venida de las colonias o de las generaciones que no se sienten franceses; en el caso de Italia es el problema institucional; en el caso de Reino Unido es el euroescepticismo y en el de España, el nacionalismo.

P. ¿Entonces es la moneda de cambio que tenemos que pagar a cambio de no tener un Frente Nacional en España?

R. Yo creo que va por ahí. La verdad es que no me he hecho esa pregunta nunca. Creo que el fantasma que despertamos justamente es el nacionalismo. El nacionalismo no es un tema de la derecha o de la izquierda. Yo creo que se combate con liberalismo. Me gusta el análisis que hace Isaiah Berlin sobre el nacionalismo en El sentido de la realidad. Sobre las ideas y su historia, pero también me quedo con la idea de Kant de que es un concepto absolutamente contrario a la concepción propia de la libertad del individuo. El papel que tiene el centroderecha debe ser reforzar el concepto de libertad y de liberalismo.
 

 

P. Usted se considera liberal, pero esa es una etiqueta muy amplia. ¿Con qué posturas del liberalismo se siente más cómoda?

R. A mí no me gustaría definirme como una liberal radical, porque hay cosas de los democristianos que me parecen interesantes. En el aspecto de las libertades individuales me considero muy liberal y en contra de muchas cosas que ha defendido mi partido. ¿En lo económico? También soy liberal, pero hay algunos aspectos que un ultraliberal te dirá que si no son rentables por qué vamos a hacer un AVE. Pues mira, a mí me parece una cosa importante de cohesión territorial. Creo que lo bueno de la nueva política es no ser radical. De todas formas, yo odio las etiquetas. Si algo bueno ha de hacerse en este tiempo es reconocerle al otro que tiene razón. Y a mí no me importaría hacerlo con un compañero del PSOE o que me gustara una idea de Podemos.

P. Pues no parece que los políticos lo hagan a menudo.

R. Desde luego. Hay que intentar conquistar a los ciudadanos, pero lo que no puedes hacer desde tu escaño es atrincherarte y decir: “Esto es  lo mío y el resto me da igual”. Creo que es lo que falta en estos momentos en la política y me gustaría aportarlo desde mi persona.

P. Con la entrada de nuevos partidos en el panorama político como Podemos y Ciudadanos, ¿no corre el riesgo el PP, al menos estéticamente, de ser desplazado más a la derecha? Esa es la jugada de Pedro Sánchez, al menos.

R. Creo que tradicionalmente España es de centro izquierda. Cuando ha ganado el proyecto del PP es cuando más cerca hemos estado del centro o cuando más se ha alejado el PSOE de la izquierda. Lo que tiene que hacer el Partido Popular, que vertebra el centro derecha en España, es reforzar el proyecto ideológico. Y por supuesto demostrar que lo verdaderamente revolucionario en este país no es ser de izquierdas, sino es ser liberal o ser de centro derecha. Cuando me dicen que la indignación y que lo que debe ser un joven es de izquierda pues… pues no. Creo justamente lo contrario. Los revolucionarios somos los liberales.

P. Habla mucho del rearme ideológico y de reforzar el concepto de ideología vs estética. ¿En qué consiste?

R. Lucho mucho contra eso. A veces en las entrevistas solo quiere que hable de Barberá. A los políticos nunca nos preguntan: “Oiga, ¿en líneas generales usted qué piensa?” El rearme ideológico en cierta medida es que a lo mejor no nos centremos tanto en que las entrevistas  o en los actos de partido se centren en actualidad, sino que le podamos dar un contexto mucho más amplio. A los jóvenes les parecería más atractivo. Por ejemplo, ¿por qué la izquierda ha ganado la batalla ideológica de la indignación?  Ahora es activismo social, economía social… están ganando la batalla en los conceptos.

Podemos lo ha hecho muy bien con su división en la gente de arriba y de abajo. Están ganando la batalla en los conceptos

P. ¿Como la palabra progreso?

R. ¡Sí! El gobierno de progreso… ¡el progreso se hace andando! Cuando gobiernen ustedes ya veremos si ha habido progreso o no. Creo que nos dirigimos hacia una bipolarización de conceptos. ¿Por qué? Podemos lo ha hecho muy bien haciendo distinción entre los de arriba y los de debajo de esa forma. El centro derecha ha dejado huérfano su espacio del concepto. Se han acuñado el concepto social sin que nosotros hayamos comparecido y creo que eso lo hemos de hacer.

P. ¿Volver a la guerra de las etiquetas?

R. No, no. Es el concepto. Es decir, por qué nosotros ya no estamos en el concepto social cuando todo lo hacemos por el crecimiento de la sociedad.
 


P. Volviendo a Cataluña, ¿por qué coge la izquierda y se erige como líder en la teórica reconciliación entre independentistas y centralistas cuando están más alejados ideológicamente de los nacionalistas que los partidos de derechas?

R. Pues es interesante. Creo que porque siempre han tenido, en el caso del PSC, esa voluntad de estar en el entorno gris, ese que sirve un poco para todos. Cuando al PSC se le ha obligado a posicionarse se ha dado cuenta que ha tenido un bajón electoral porque aglutinaba mucha gente sin haberse posicionado nunca. Pero hay una cosa muy interesante del nacionalismo y especialmente en Cataluña con la subida de la CUP o de Esquerra: el nacionalismo puede tener un origen o alentarse como motor por la burguesía, pero no deja de ser una herramienta para que la izquierda llegue a las posiciones de poder. Cuando los burgueses hayan conseguido su propósito de independencia, la izquierda independentista lo que querrá serán las casas de los burgueses.

P. ¿Habría conseguido Podemos tantos votos de no haber prometido el referéndum?

R. Bueno, creo que es la posición más cómoda ahora en Cataluña. Ser la trinchera del Estado tiene un coste político muy elevado. Defender aspectos jurídicos no tiene lo etéreo de algunas declaraciones como “no pasa nada, seremos amigos e iremos al cine después de divorciarnos”. Ese es el gran engaño. Pero además es que es muy gracioso: el referéndum, si lo pierden los independentistas, se vuelve a hacer. El referéndum, si lo pierden los no independentistas, no se vuelve a hacer nunca más. Esto no es una cuestión de hacer un reférendum, sino una voluntad de conseguir la independencia. Y hasta que no ganen, lo seguirán proponiendo.

C’s es un partido a la contra o de descontento, pero no un proyecto ideológico sólido con principios

P. Tanto en Cataluña como en el resto de España, ¿no tienen cierta dificultad a la hora de atacar a Ciudadanos al tener bastantes cosas en común?

R. Ya, pero lo que pasa es que hay una importancia en la fiabilidad y en la solidez que conforman un proyecto político. Nosotros lo que advertimos durante la campaña es que Ciudadanos uno no sabe a dónde va a ir a parar. ¿A Susana Díaz, a Pedro Sánchez, a Cifuentes o a Rajoy? yo creo que es el partido bisagra, que es lo que es al final era a lo que aspiraba Ciudadanos…

P. ¿No aspira a más?

R. Bueno, no sé si va a crecer electoralmente, pero a mí me parece que ha sumado descontento de PSOE y PP… C’s es un partido a la contra o de descontento, pero no un proyecto ideológico sólido con principios. No tiene referentes políticos.

P. ¿Y Podemos?

R. Podemos creo que además de nacer de esa indignación sí que es más solvente política o ideológicamente. Se lo creen más. Yo no sé en qué cree Albert Rivera, aparte de en el poder. Lo que más me preocupa de Podemos es su sectarismo. Y que en eso arrastre al Partido Socialista. Me preocupa de Podemos que juegue al frentismo, que cree nuevas divisiones en la sociedad ya superadas y que distinga la sociedad en buenos y malos.

P. Podemos y Ciudadanos han emergido en gran medida por el voto de los jóvenes. ¿Qué debe hacer el PP para dejar de ser la cuarta fuerza política en esa franja de edad?

R. Tenemos que luchar ideológicamente, porque el centroderecha también le pertenece a los jóvenes. Uno no debe avergonzarse de decir que es de centroderecha. Puede que el concepto de izquierda vaya más ligado al paradigma de la juventud, pero la propia renovación y la transformación orgánica que está haciendo el PP va a contribuir a la adaptación a las nuevas realidades.

P. ¿Cómo se puede reconquistar a un exvotante del PP que ha dejado de votar al partido por la corrupción?

R. El tema de la corrupción es una cuestión que nos perjudica muchísimo, pero creo que hay que ponerla en contexto: nosotros tenemos corrupción, igual que otros partidos políticos. Nosotros tenemos una mayor repercusión mediática, pero desde luego hay que combatirla siendo lo más contundentes posibles.

P. ¿Qué opinión le merece el brexit? ¿Y en su momento el grexit?

R. Nosotros no estamos a favor de ninguna de las dos. En ningún momento defendimos que Grecia tuviera que salir de la Unión Europea, al revés. Nosotros lo que dijimos era que Grecia tenía que tener un gobierno que no la obligara a salir de Europa. En el caso del Reino Unido, que siempre ha defendido su relativa independencia de la Unión Europea, lo que veo es que el proyecto de la Unión Europea -y lo vimos con el fracaso de la Constitución Europea- se puede configurar como un club de Estados pero difícilmente como una ciudadanía.

P. Eso es duro decirlo.

R. Sí, es duro, pero creo que lo estamos viendo. Me parece increíble que la Unión Europea no esté haciendo frente al problema de los refugiados. Estamos actuando con las manos en los bolsillos. Esto te lo podría decir alguien de Podemos. Pero es que creo que es verdad, porque pienso que no podemos permanecer impasibles en la política exterior de la Unión Europea. Se ha demostrado que es un fracaso. ¿Por qué? Porque los estados miembros no van a renunciar nunca a su política internacional.
 

Fotografía: Gonzalo Sevilla

 


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2 Comments

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    Guest

    Jose Luis

    Aun con ciertas reservas, Levy se reconoce liberal en lo económico. El problema es que el PP no practica el liberalismo, sino el capitalismo de amiguetes. Queda por ver si los aires de regeneración dentro del partido consiguen esa reorientación ideológica.
  • Guest

    Guest

    Isabel

    Muy buena la entrevista y buenísimas respuestas por parte de la entrevistada. Da gusto ver que es libre de pensamiento.