Alberto Garzón (1985, Logroño) dejó de ser el diputado más joven en las pasadas elecciones. Aun así, a sus treinta años es el líder de Izquierda Unida y aguanta las embestidas de la nueva política de la que él también forma parte, relegado en los vomitorios del Congreso. Nos cita en su despacho meses más tarde de que su jefe de prensa nos escribiera “Alberto no está disponible, hay cincuenta entrevistas en espera”. Nos prometen veinte minutos y centramos el tiro en los dos temas más interesantes: el futuro de la izquierda y la relación de IU con Podemos. Garzón parece un mártir que camina entre dos aguas. Mientras que los puristas critican su banalización del discurso en los medios, los más transversales auguran entre carcajadas el final del marxismo clásico. Asume el reto de frenar el desangramiento de votos de su partido mediando entre Podemos y el PSOE. Quizá no logre ningún pacto, pero las encuestas electorales ya le están premiando su actuación de Celestina.
 

Pregunta. En la situación actual que estamos viviendo, ¿qué papel tiene la izquierda ante una globalización que parece imparable? 

Respuesta. Lo primero es hacer un buen diagnóstico y eso implica entender que esto es una crisis del capitalismo. Una crisis, además, que se está intentando resolver desde posturas neoliberales. Esto genera rabia y frustración, pero también una sensación de desprotección en la ciudadanía, sometiéndola a la orfandad. Ante esto, la clase popular busca protección. La cuestión es si esta viene por la derecha o por la izquierda. Si viene por el lado del populismo de la extrema derecha, te dice: “Estás desprotegido frente a la competencia internacional y los cambios globales. La solución es más nacionalismo, militarización de la sociedad…” y entonces, hay gente que en su desesperación compra ese discurso. La otra opción es que haya una izquierda consecuente que no sea tibia; que exprese que es un problema del capitalismo y que es necesario un nuevo modelo que aspire a construir una sociedad sin clases. Ese es el papel de la izquierda. En definitiva, para luchar contra el populismo de derechas lo que tienes que entender es que es hijo de la crisis del capitalismo.

 

P. Usted ha dicho que le ha faltado a la izquierda reaccionar ante la crisis del capitalismo. Monedero, en una entrevista nos dijo que gran parte del problema de la izquierda era que le había faltado desprenderse de algunos conceptos del siglo XX, que le habían caído encima los cascotes del Muro de Berlín. ¿Le ha faltado autocrítica a la izquierda?

R. La autocrítica siempre es buena, pero eso no implica tener que acabar con las cosas porque sean antiguas. Hay cosas que no caducan y, evidentemente, si tenemos una crisis del capitalismo las soluciones se deben dar en el ámbito socialista. La izquierda viene de una derrota constante en 1989, 1991… pero no hay que olvidar que la crisis es de un sistema económico que es más antiguo que el propio nacimiento de Marx. Me refiero al liberalismo más brutal que ha existido, y que, por lo tanto, no es una cuestión de nuevo o viejo. Vivimos en un sistema que se rige por la ganancia y que mercantiliza todo, incluso al ser humano. Para resolver esto se necesita anteponer una alternativa: el socialismo. Algunos como Monedero consideran otras cosas, pero yo creo que es necesario entender que hacía mucho tiempo que la urgencia del socialismo no era tal. Ahora es más necesario que nunca.
 

Para luchar contra el populismo de derechas hay que entender que es hijo de la crisis del capitalismo


P. En los Apuntes para repensar la izquierda en España que usted ha escrito se habla de una nueva izquierda que mantenga la pureza ideológica marxista pero que, a la vez, no renuncie a la mercadotecnia electoral que impera en todos los partidos. Aquello de “si no estás en los medios no tienes un discurso” de Stiglitz. ¿No es contradictorio?

R. Lo que necesitamos es entender que somos herederos del movimiento obrero. Este es el motor por el que hemos conseguido los Derechos Humanos, la democracia, el sufragio universal, los servicios públicos; lo que hemos llamado “Estado social”, con sus limitaciones y conquistas. Sin embargo, tenemos que comprender que hay modificaciones en la sociedad que hacen que nuestras vidas cambien y los instrumentos deban adaptarse. Hay que entender, por tanto, el terreno en el que te mueves. Este terreno es una estructura de clases distinta según el siglo, más o menos precaria, más frágil y volátil en un escenario de democracia liberal en el que cada vez más gente se da cuenta de que no manda. De que su voto no sirve para tomar las decisiones. Además, está mediado por una democracia mediática en la que los grandes poderes privados, en función de la audiencia, marcan lo que es espectacular. Esto ha hundido la reflexión. Es más fácil conocerme a mí por mis apariciones en televisión que por mis libros. De ninguna forma se puede prescindir del análisis marxista de la sociedad, pero hay que adaptarlo a un entorno que ha cambiado. Esto es lo que haría Lenin, que también vivió un marxismo codificado en poblaciones industriales y lo aplicó en una sociedad diferente y feudal como era la Rusia de 1900. Nosotros tenemos que hacer en la actualidad lo que hizo Lenin.

 

P. Si nos centramos en el panorama político actual de España, vemos que mucha gente todavía no llega a entender que dos fuerzas ideológicas tan parecidas no hayan pactado para sumar más votos. ¿Por qué no se han puesto de acuerdo Izquierda Unida y Podemos?

R. Yo te lo resumiría de forma muy sencilla. Podemos no ha querido. ¿Por qué? dentro de Podemos hay diferentes almas. Una de sus almas ha teorizado que para ganar hace falta desprenderse de lo que aparente ser izquierda. Son los defensores de la transversalidad, es decir, del “no soy ni de izquierdas ni de derechas”. Esa alma considera que ir a las elecciones con nosotros es una forma de etiquetarse, de perder su transversalidad. Querían sumarnos sin que lo pareciese. Su única apuesta era pedir la liquidación de Izquierda Unida. Obviamente no nos vamos a dejar liquidar. Nosotros queremos colaborar como una organización política diferente pero con un propósito común, con reconocimiento e identidad. Nosotros hemos querido confluencia siempre que se respetase a las partes, cada una con su peso, naturalmente. Podemos, con su tesis de la transversalidad, ha decidido que ir con los comunistas iba a ser demasiado claro. No seríamos un instrumento transversal y por eso no pueden pegarse a nosotros. Podemos es un proyecto tan de laboratorio que la mayoría de la gente ni siquiera es consciente de que detrás del “no” de Podemos hay una teoría concreta.
 

 

Hay gente en Izquierda Unida que se dedica a cerrar los ojos y esperar a que Podemos desaparezca


P. Esto se podría ilustrar con aquel debate que tuvo con Íñigo Errejón en Fort Apache en el que él defendía las posturas populistas de Laclau mientras que usted rechazaba esos significantes vacíos.

R. Sí, porque ese alma que quiere la transversalidad es el alma populista de Podemos. Me refiero a populismo en su sentido académico, como un propósito de construir algo que aúne un montón de identidades diversas en un proyecto político diverso y difuminado. Esto está en la mente de una gran parte de Podemos y, efectivamente, Íñigo Errejón es una de las máximas expresiones de ese intento de transversalidad. Es coherente que si quieren ser transversales, ir con los comunistas sea contradictorio. Aquel debate es un hito muy interesante porque es una discusión académica sobre el sentido del populismo y sus consecuencias en la ciudadanía. Creo recordar que aún no había surgido Ciudadanos. El partido de Albert Rivera nace porque utiliza las mismas estrategias que Podemos. Cuando puede utilizar tus mismas herramientas una formación que defiende aparentemente lo contrario es porque tu estrategia tiene fallos. Esos fallos ya los poníamos de relieve cuando yo decía que el populismo te genera determinadas hipotecas de las que después es muy difícil desprenderse.

 

P. Entonces, ¿sería correcto considerar que el éxito de Podemos le llega por la moderación de su discurso, ese que ustedes tanto critican?

R. Digamos que Podemos pretendía eso. Podemos es un experimento de laboratorio desde su origen. Pretende llegar a gente que no estaba en política. Para ello, han hecho un discurso difuso y simple, populista en ese sentido, que resume el escenario en dos partes: un antagonismo entre la casta y el pueblo. Como no se trata de una organización política con arraigo en el territorio, sino de una maquinaria electoral, su única forma de llegar a la gente son los medios de comunicación. Particularmente a través de La Sexta Noche. Se han nutrido del descontento de aquellos que ya votaban o que se habían abstenido unos años. Según las encuestas, es muy poca la gente que votando por primera vez votó a Podemos. El experimento tal y como fue concebido fracasó, pero tuvo éxito porque logró seducir a una parte importantísima del electorado de Izquierda Unida, del PSOE y de los jóvenes. El perfil de votante suyo es muy parecido al de IU.
 

El socialismo ahora es más necesario que nunca


P. Centrándonos en la evolución de IU, ¿no cree que la idea que usted plantea podría verse más afectada por las diferencias en el interior del partido que por la convergencia con Podemos? 

R. Nunca hemos propuesto una unión con Podemos. En el momento de las elecciones pensamos si podríamos ir juntos y si se hubiesen respetado los espacios habría habido un acuerdo, pero somos fuerzas diferentes. Eso quería Izquierda Unida de manera unánime, nadie está en contra. Lo que sí hay es un sentimiento marginal de reacción en gente que no entiende el fenómeno de Podemos y responde frente a él en forma de repliegue interno. Lo que hacen es cerrar los ojos y esperar que al abrirlos de nuevo ya no esté Podemos y la realidad retroceda diez años. Eso existe en Izquierda Unida, pero la mayoría entiende que la sociedad evoluciona y los nuevos actores políticos han venido para quedarse. Se trata de ver cuáles son las fórmulas de colaboración, pero hasta que Podemos no cambie de actitud no compartiremos espacio. Tendremos que caminar separados, marchar separados y golpear separados.

 

P. En A pie de escaño habla de la pasividad de los estudiantes en la universidad, ¿cree que sigue sucediendo?

R. Sucede, pero menos que hace diez años. La crisis económica ha producido un cambio en las expectativas de la gente. Esto afecta a los jóvenes que van a la universidad como el que cumple una fase de su vida, convencidos de que detrás viene otra en la que tienen un trabajo precario, pero que después será estable. La ruptura de expectativas hace que te politices… y esto es más fácil que ocurra ahora. Eso sí, no hay una varita mágica. O tienes organizaciones políticas que movilicen, que venzan y que hagan cosas colectivas o se mantiene la frustración latente hasta que alguien la despierte. Esto ocurre en muchas facultades que han estado treinta años sin movilización, narcotizados y, aunque ya han roto su relato, siguen esperando a ver qué ocurre.
 

Entrevista publicada en el Número 3 de La Mecha (abril, 2016)


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1 Comments

  • Guest

    Guest

    Julian

    Pero, a ver, como que el socialismo es necesario, pero no era comunista?????. Este sin vivir de la izquierda en sus definiciones y exclusiones, es difícil dar con un campo ideológico tan lleno de matices, de facciones, de grupos, líneas de pensamiento, etc. Siempre se dice que los pensadores de izquierdas se caracterizan por ser críticos, inconformistas, empezando por ellos mismos. 
    Si, ademas, tenemos en cuenta este mundo cambiante, hegemónicamente dominado por una sola ideología, encontrar hueco, posicionarse es sumamente dificil, de ahí que un día se defienda la socialdemocracia, otro el comunismo, otro el socialismo, comunismo lenilista, toques troskistas, reformistas o revolucionarios, etc.