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Una relación de violencia física comienza con la adquisición de unos roles de dominación y sumisión. Unos roles con los que se ejerce un control cada vez más fáctico y explícito; menos psicológico y más físico. El informe 'La percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud' elaborado por el CIS entrevistó este año a 2.500 jóvenes de entre 15 y 29 años arrojando una conclusión preocupante: los jóvenes son más machistas que sus padres.

Aunque la amplísima mayoría considera la violencia de género ‘totalmente inaceptable’ y son conscientes de las desigualdades de género de forma general, lo son en menor proporción que la población adulta. Pero además, el rechazo disminuye considerablemente cuando en lugar de ser violencia física y sexual es verbal o de control.

Un dato que así lo muestra es que un tercio de la población juvenil considera inevitable o aceptable el control de la pareja en sus horarios, sus relaciones, sus hábitos de trabajo/estudio o su forma de vestir, lo cual revela que la violencia de control no está totalmente asimilada como un rasgo definitorio de la violencia de género.

“Es probable que estos resultados se deban a que el control de horarios, de las relaciones de la pareja, o de lo que debe o no hacer, no se entiendan siempre como restricción de libertad por parte de los/as jóvenes” señala el estudio.


El peligro de los estereotipos

La música, el cine y la televisión, así como cualquier forma de cultura de masas, basa su transmisión de información en patrones y roles estereotipados que favorecen la fácil aprehensión del receptor.

La concepción del amor en pareja tradicional es uno de ellos; “esa idea de que por amor hay que estar dispuesto a darlo todo, que los celos forman parte de él y que formar una pareja conlleva anular la individualidad de la persona”.

Programas como ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’, sagas literarias como ‘Crepúsculo’ y ‘Cincuenta sombras de Grey’, música como el reggaetón, o gran parte de la publicidad, no hacen sino aumentar esta extendida concepción del sufrimiento en el amor romántico y la asignación de los roles. Según el informe de FAD “Jóvenes y género. El estado de la cuestión” el que la actividad sexual sea un atributo en el género masculino, a diferencia del femenino, es un pensamiento compartido por uno de cada tres jóvenes.

Parcialmente positivo es el dato de la disminución de los estereotipos de la nacionalidad extranjera del agresor, la posible enfermedad mental del mismo, y el consentimiento de la víctima, conforme aumenta el nivel académico de los jóvenes.
 

La facilidad de control

“Las nuevas tecnologías (los móviles y las redes sociales): han aumentado mucho las posibilidades de control y son los jóvenes los que más las utilizan”. De hecho, más de un 20% de las mujeres han sufrido intentos de control a través del móvil por su pareja, según el informe de FAD, lo que se reduce a la mitad en el caso de ellos.

La conexión permanente de los jóvenes, las redes sociales se asimilan como la forma definitoria de entender internet, devaluándose el sentido tradicional de las relaciones en pro de una fugacidad y superficialidad que facilitan prácticas potencialmente negativas como el sexting o envío de fotos íntimas, el establecimiento de conversaciones con desconocidos, o el ciberacoso, en el sentido literal del término (chantajes, amenazas, acoso, control, etc).
 

Las víctimas

Un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Igualdad en 2010 señala que casi el 5 % de las jóvenes ha sido víctima de algún tipo de violencia física o psicológica por parte del sexo opuesto. Aunque la incidencia en la población de los casos de violencia física es mayor en las mujeres, cabe destacar que en ese mismo año uno de cada cuatro fallecidos por este tipo de violencia era varón.

Las soluciones al problema las dan fundaciones como ANAR. Señalan que los jóvenes reciben diferentes mensajes sobre el tema a través de distintas fuentes, y recalcan que es fundamental la existencia de un mensaje único y coincidente ante estas actitudes. Aseguran que la violencia de género es una relación de la que un joven puede salir cuando pone mecanismos para cortar el ciclo de la violencia y obtiene el apoyo necesario en su entorno y/o de profesionales. El trabajo precoz y preventivo es fundamental. La intervención psico-terapéutica (puesto que las familias solas no pueden solucionar estas situaciones) debe comenzar lo antes posible para eliminar las consecuencias de la violencia de género, como son la ansiedad, la pérdida de autoestima ligada a la autolesión, el estrés o la dependencia emocional al maltratador. Es importante trabajar en relaciones afectivas saludables ya que garantizan que los jóvenes sepan qué es una relación sana. También, además de limitar conductas, se debe utilizar el refuerzo positivo, valorando cambios de conducta adaptativos. Generar un auto concepto positivo en la víctima. Pero insisten en que lo más importante para acabar con el problema, es la concienciación social.
 

Los agresores

El estudio de la Universidad Complutense mencionado anteriormente señala también que el 32 % de los adolescentes corren riesgo de convertirse en maltratadores. Que la persona en riesgo acabe convirtiéndose o no en uno dependerá de factores como la clase social, las relaciones familiares o el consumo de drogas y alcohol.

Un aspecto especialmente importante en cuanto a los agresores es su reincidencia, lo cual dependerá de si reciben un programa de tratamiento o no, y de si lo terminan. Es mucho menor el porcentaje de agresores que reinciden cuando han sido sometidos a uno de estos tratamientos.

Son numerosas las campañas para la concienciación de jóvenes sobre la necesidad de denunciar estos comportamientos. Entre estas campañas destaca ‘No te cortes’, un programa de atención para adolescentes víctimas de la violencia de género por la Comunidad de Madrid que enfatiza la gravedad de los actos de violencia de control. El programa facilita una dirección de correo electrónico para consultas Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., y una línea de ayuda telefónica gratuita y confidencial de la Fundación ANAR, atendida por psicólogos y activa las 24 horas del día: 116111.


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