¿Te imaginas que no hubiera ningún equipo de fútbol español entre los 200 mejores del mundo? Eso pasa con las universidades en España.

No seas ingenuo. Tu vida se va a reducir a un título. Si es a dos, mejor. Y a un máster. ¿Por qué no a dos? Y más te vale hablar francés o alemán. Inglés ni se pregunta. Pero, ¿no vas a la universidad? Olvídate, no encontrarás un buen trabajo. ¿Vas a la universidad? Sí, ¿no? No te preocupes, no vas a aprender. Bueno, ya lo sabes. Estás en cuarto y… estás perdiendo el tiempo. Dentro de unos años todo el mundo tendrá tu mismo título. Abre la puerta y verás el panorama con mayor claridad: profesores con nula vocación que se niegan a leer tus trabajos, clases magistrales y lecturas de powerpoint estúpidas, zombis estudiantes sin otra idea que la de aprobar, rectores que buscan una mayor financiación para contratar más profesores y conseguir más votos y, gracias a todo ello, un sistema hiperburocrático, poco eficiente y endogámico. ¿Tu futuro? Eso no le importa a nadie. ¿Quieres saber más? Bienvenido a la universidad.
 

Vivimos en un período de incertidumbres. Nunca antes una generación española había estado tan bien preparada. Entonces, ¿cuál es el problema? Iniciado el 2016, nuestra universidad sigue sin ponerse a la altura que le corresponde, relegada al ostracismo en los rankings  mundiales de las mejores universidades.

“En España tenemos miles de puestos de trabajo sin cubrir por falta de perfiles acordes”

 Además, los expertos en Recursos Humanos avisan de que se está produciendo una ruptura entre lo que ofrecen las facultades y lo que demanda el mercado laboral, pese a la especialización de algunos grados. Así lo ratifica Ignacio Barriendos, Manager de Relaciones Internacionales de Binternational -una empresa de selección de personal-, que coincide en la falta de preparación del estudiante: “En la carrera profesional se parte desde un nivel muy básico. Habría que darle una vuelta al desajuste de perfiles profesionales y vacantes. En España tenemos superávit de algunos profesionales y miles de puestos de trabajo sin cubrir por falta de perfiles acordes”. Además, propone algo polémico: “¿Sería quizá una solución que las empresas creasen sus propios profesionales?”.

Para Francisco Michavila, director de la Cátedra UNESCO de Gestión y Política Universitaria, el problema se encuentra en algunos aspectos de la formación del alumno: “Existe una falta de preparación en temas como la comunicación oral, la toma de decisiones, la capacidad para gestionar la presión o los idiomas”.

“Muchas asignaturas quedan reducidas a la introducción de la introducción”

Cada vez más estudiantes se quejan de la falta de contenidos prácticos en sus carreras. ¿No se están simplificando los grados? Empieza a ser indispensable hacer un máster para no tener que afrontar la larga cola del INEM. Este problema lo comparte Fernando Velasco, Director del Máster en Analista de Inteligencia: “Muchas asignaturas quedan reducidas a la introducción de la introducción. Los programas máster están dirigidos a responder a la necesidad de especialización, pero no podemos olvidar que hoy estamos formando gente para profesiones que aún no existen”. Pese a esto, asegura que es importante no tratar a la universidad como “una fábrica de titulados”.

Según un último estudio del INE, menos del 30% de los licenciados encuestados en Criminología, Filología Románica y Antropología Social y Cultural (¡22 %!), que han trabajado alguna vez, aseguran que sus estudios les han servido para conseguir un empleo. Si observamos el estudio según las ramas de conocimiento, los mejores datos se dan entre los titulados de Ciencias de la Salud (92,7 %), Ingeniería y Arquitectura (77,3 %) y Ciencias (71,3 %). ¿Adivinas a qué rama corresponde el más negativo? Sí, a las Artes y Humanidades (55,5 %).
 


CORRUPCIÓN Y ENDOGAMIA

Todo lo mencionado anteriormente desenmascara un problema común que no corresponde exclusivamente a la universidad española: la corrupción y la endogamia. Nuestra clase política es corrupta, la universidad es corrupta y nosotros somos corruptos. La página web Corruptio analiza más de 200 casos de corrupción en la universidad española, cada cual más indignante que el anterior. Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Málaga, relaciona nuestra forma de ser con las características endogámicas de nuestras facultades: “La razón principal se trata de un rechazo de casi todos los implicados a crear una universidad exigente consigo misma, con auténtica circulación entre universidades, no proteccionista, antipaternalista y no igualitaria. Por no existir un mercado abierto, como en Estados Unidos, Gran Bretaña o Escandinavia, somos endogámicos”.
 



 

Es por ello importante distinguir entre Ciencias y Letras, ya que según los últimos estudios la brecha continúa haciéndose más grande. Es decir, si estudias un grado de Ciencias tienes bastantes más posibilidades de acabar conforme con la carrera (y de encontrar trabajo) que con uno de Letras. Sorprendente es el dato de los estudiantes de ADE que arroja el mismo informe: tan solo un 35.7 % de los encuestados afirmaron que los conocimientos de la carrera habían sido determinantes para encontrar trabajo. ¿Cómo se compatibiliza esto con un discurso optimista sobre la universidad?

A tan solo un 35.7 % de los estudiantes encuestados de ADE les ha servido lo aprendido en la carrera para encontrar trabajo

Otra cuestión: ¿nunca te has preguntado por qué, año tras año, carreras como Historia o Ingeniería Civil tienen tan solo un cinco de nota de corte, mientras que estudiar Medicina requiere una puntuación superior a trece? La respuesta se encuentra en las plazas ofertadas, lo cual está relacionado con el desajuste entre la oferta de los grados y la demanda de los universitarios. Este es un problema al que ya apuntaba Clara Eugenia Ñúñez, antigua directora general de universidades de la Comunidad de Madrid, en su libro Universidad y Ciencia en España. Los datos que ofrece el CYD son estremecedores. En Ciencias de la Salud la demanda de grados es más de dos veces superior a la oferta, mientras que en Ciencias Sociales es la oferta quien supera a la demanda. Y, ¿por qué seguimos ofertando grados que nadie elige o no ampliamos aquellos cuya oferta es ridícula en comparación con la demanda?

El actual Director General de Universidades, José Luis Torralba, reconoce que hay que evitar duplicidades y admite estar trabajando en ello, pero no cree que debamos ser dramáticos: “Es difícil encontrar un equilibrio. Si se elaboran grados poco especializados y muy generalistas, se acusa a la universidad de no adaptarse a las demandas de la sociedad y si se ofertan demasiados grados muy especializados, se argumenta que hay un exceso de grados”. La ironía es que se puedan estar produciendo ambas situaciones al mismo tiempo.

Pero no solo es el desajuste entre la oferta y la demanda de los grados el gran problema de la universidad. De hecho, es uno más. En palabras de Clara Ñúñez, aún queda mucho por hacer: “El problema es institucional: debemos corregir los problemas internos de la universidad, cambiar el sistema de gobierno, implantar mecanismos de control de resultados, e incentivos a los comportamientos adecuados y a la responsabilidad de todos sus miembros».

Por si fuera poco, el fracaso universitario es alarmante: 1 de cada 5 estudiantes abandonan la carrera el primer año, según indica el informe sobre el panorama universitario presentado por el Ministerio de Educación. Otro estudio, del BBVA Research, señala que el fracaso universitario nos cuesta 1500 millones de euros al año (a las becas universitarias se dedicaron 559 millones de euros en 2014). Y ante tal perspectiva, se plantea el debate de si el fracaso universitario está relacionado con elegir una carrera por rebote. La tasa de abandono se ha reducido, ya que los últimos indicadores bajaron del 30 %, pero aún seguimos muy lejos de la media europea (16 %). Ignacio Lizasoain, vicerrector de Investigación de la Complutense, advierte que es importante distinguir entre los cinco campos de estudio. ¿Por qué? “En salud el índice de fracaso de los que entran es muy bajo. Más del 90 % de los estudiantes de Medicina que nosotros tenemos acaban en seis o siete años”. No pueden decir lo mismo los de Artes y Humanidades, ya que el fracaso universitario roza el… ¡29 %!

En apenas tres páginas no pretendemos destapar todos los males de la institución más importante que tenemos en España, porque tampoco somos un argumento de autoridad para ello. Lo que sí queremos es reabrir un debate desaparecido de la esfera pública. Es importante saber que nos estamos jugando el devenir de toda una generación y, por ende, del país. Y aquí no hay segundas oportunidades. Ya es hora de ser responsables y de asumir nuestra culpa. De admitir que, a pesar de que hemos madurado desde el franquismo, nos hemos quedado atrás en la mejora de nuestra universidad, una institución anquilosada en el pasado. Por todo ello, debemos -porque nos compete a todos- luchar por mejorarla.


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